Debería haber tomado muchas cañas con Mauricio Peña. Somos de la misma quinta 58-59, usábamos pañal cuando Fidel Castro bajó de Sierra Maestra: ahora es Fidel quien lleva pañal, no sé si físico, pero desde luego, político. Todo se agosta: mire usted lo de Andalucía, donde si gana el PSOE igualarán los 40 años ininterrumpidos de Franco. Y en Castilla y León vamos para treinta años con el PRI a cuestas. Democracia enferma. Sociedad enferma.
La que retrata Mauricio Peña en sus demoledoras fotos. Debería tomar unas cañas con él y volver a patear Riaño o la mina de Gaiztarro; pero voy poco por León, y León viene poco por El Bierzo, de modo que me he perdido un maestro del periodismo. Pasé un lustro enseñando fotoperiodismo en la Facultad de Santiago –Capa, Sebastiâo Salgado, el beso de Doisneau, Cartier-Bresson, Gerda Taro…– sin enterarme de que aquí, al otro lado del Manzanal, tenía a Mauricio Peña. He dado una vuelta despaciosa a la exposición que presenta este mes en el Museo del Bierzo (Ponferrada, calle del Reloj), y no he podido evitar dar otra vuelta más, parándome en cada destello, en cada disparo.

Me baila aún en la retina la imagen profética de Isabel Carrasco con la cabeza tapada con un paraguas y a su lado Marcos; o la del niño que mete el dedo en la nariz de la Reina Sofía, la del minero desnudo, el toro que baila con José Tomás, Fraga dormido en su congreso triunfal… y tantas otras que es imposible atrapar en esta breve columna.

 

 

¡Treinta años de periodismo en carne viva!; pero de todas las imágenes, me quedo con la de Vicente, el vejete de Riaño en madreñas, con una simple vara o aijada en ristre, defendiéndose de decenas de policías antidisturbios, y su anciana mujer de hermoso pelo cano, intentando detenerle. Es la imagen de la dignidad y solo por esta foto, Mauricio Peña está entre los grandes de la fotografía, entre los grandes del periodismo.

El acierto de La Nueva Crónica al publicar su libro León entre dos siglos: tres décadas de fotoperiodismo, con textos de Fulgencio Fernández y prólogo de Julio Llamazares, es de estricta justicia. Cuando recibí el libro con cien páginas de pegatinas, mi hija Alicia se pidió pegarlas en el libro-álbum; pero esta vez no, hija, esta vez las fotos de Mauricio Peña las voy a ir colocando yo una a una, página a página, porque son el álbum de mi vida.

La Nueva Crónica, 8 de marzo de 2015
iLeon: La mirada de Mauricio Peña