Decenas de analistas políticos se escurren el cerebro tratando de entender la última no-jugada de don Mariano Rajoy. Inmóvil, zombi, sonado, cobarde, plasma… hasta hay uno que habla “del principio budista de la creatividad pasiva” (Rubén Amón, Despierte, presidente). El gran marianólogo Antón Losada ha dedicado a la cuestión todo un tratado, Código Mariano; pero la incógnita sobre la Gran Esfinge continúa sin desvelar. Con ánimo de contribuir a la estabilidad del país, les propongo mi propia solución al enigma: el corcho. Mariano Rajoy está hecho de corcho: hay evidencias científicas.

“El corcho –definición del Cluster del Corcho– es un producto en el que la naturaleza ha plasmado su gran sabiduría después de siglos de evolución, que tiene unas características inigualables por cualquier otro producto sintético: levedad, impermeabilidad, adherencia, compresibilidad y elasticidad”. He ahí nuestro hombre.

Rajoy presume de tener una de las más largas carreras políticas, desde que empezó como concejal en Pontevedra. Ningún pontevedrés recuerda una sola acción, buena ni mala, de su paso por aquel ayuntamiento. Yo vivía entonces en Pontevedra y hablo con conocimiento de causa: lo afirmo también sin acritud personal; al contrario, sé diferenciar entre la persona, por la que siento respeto y cierto afecto; y el político insumergible que pasará a la historia como el peor presidente de nuestra frágil democracia. Hasta él mismo conoce la diferencia.

Difícil recordar algo sólido y consistente de su paso por la Diputación, por la Vicepresidencia de la Xunta o por media docena de ministerios, ¿cómo es posible, entonces, esa capacidad de resistencia? Porque posee las propiedades del corcho: leve, impermeable, adherente, compresible, elástico.

¿Y para qué sirve el corcho? Básicamente para dos cosas: taponar y aislar. No hay mejor material para fabricar un tapón de primera calidad y como aislante es muy eficaz. Esas han sido y son hoy las funciones básicas del corcho Mariano Rajoy: taponar y aislar. Durante los cuatro años de su legislatura ha taponado todas las salidas, todas las alianzas, todos los pactos parlamentarios, todos los desagües de las alcantarillas hediondas de Génova, todas las voces dentro y fuera; y ha puesto en torno a su partido y a su gobierno un cordón aislante de plasma, de hombros encogidos y “ese señor de quien usted me habla”, hasta quedar en la más absoluta soledad.

Ahí lo tienen ustedes, compareciendo ante el Rey en estado corchoso puro: leve, impermeable, adherente, taponando con indolencia y desprecio el arranque de la legislatura, aislándose aún más de la realidad, estratega de la pereza, a la espera del error ajeno. Tal es el producto del alcornoque fruto de siglos de evolución: el tapón de corcho. Quizás sea el momento de descorchar la botella de albariño, rioja o cava… y brindar por un país sin tapones ni aislantes.

@ValentinCarrera  
Ilustración: Arte de Corcho
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