Arrastrado por su esposa, mi amigo Juan ha tenido que ir a la primera comunión de un mocoso y ha vuelto escandalizado. “Los padres y los abuelos no son creyentes ni practicantes, el niño nunca fue a la catequesis ni oyó hablar de Jesusito de mi vida que eres niño como yo. El cura nos echó un sermón que parecía una bronca, con palabras abstractas, flotando en la nada. Empatía infantil, cero. Toda la ceremonia me pareció un disparate. Al acabar la sesión de fotos ante el altar, pregunté al niño qué sentía y me contestó sin rodeos: «Yo solo lo hago por los regalos»”.

Bodas, bautizos y comuniones: la fiesta nacional de la hipocresía, el rey-niño desnudo, la novia en pelotas. Todo el mundo lo sabe y todo quisqui disimula: un país que se pone de perfil. Es muy cierto que este país sigue en el franquismo sociológico: en los años 60 España era una teocracia con religión oficial única y obligatoria, en la que nuestro comendador de los creyentes, Francisco Franco, gobernaba “por la gracia de Dios” y salía bajo palio en la procesión del Corpus. En aquel contexto histérico, la primera comunión era algo coherente, como los ejercicios espirituales o el mes de mayo con flores a María.

Aquella católica España es ahora residual: las iglesias están vacías y un solo cura sexagenario atiende veinte parroquias octogenarias, pero los ritos han quedado ahí fosilizados. Han perdido todo sentido religioso y son fiestukis abducidas por el consumismo y el despilfarro: miles de bandejas de comida de primera calidad a la basura, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Hacer un bautismo, una comunión o una boda sin creer es burlarse de la religión católica, tomarse la fe a coña, trivializarlo todo. Una inmensa falta de respeto que presuntos católicos consienten por pura hipocresía y el cura oficia por 300€, a sabiendas de que el niño no sabe ni santiguarse.

Les estoy hablando de política: de un país hipócrita que se pone de perfil ante sí mismo y ante la realidad, todo son disimulos y mentiras mientras el Rey Desnudo se pavonea en el altar, en la escena o en la tribuna del Parlamento.

El Diccionario secreto de aquel pedo-filo que llegó a Premio Nobel por sus trabajos sobre la Zarzuela, no se atrevió con el vocablo «hostia», que la Academia consagra en su tercera acepción como golpe o bofetada: en el País de los Hipócritas, después de Su Majestad, Cela era el rey. El rey de los mandarines: lean este verano, por higiene, El cura y los mandarines de Gregorio Morán, donde se cuentan las bodas, bautizos y comuniones de la casta franquista y cebrianista durante décadas.

Mariano Rajoy es el subproducto de ese mandarinato, la quintaesencia de la Hipocresía Nacional (otro título para Berlanga), la mentira puesta de perfil en estado puro, el Rey Pasmado y Desnudo: todos lo ven y se burlan, todos callan y disimulan. El pensamiento íntimo de Mariano Rajoy, su formación y valores (no olvidemos su proclamada deuda ideológica con Gonzalo Fernández de la Mora) son fruto directo de la teocracia del franquismo; pero lo que en los años 50 era coherente, cuanto repugnante, en 2016 es un esperpento de Valle-Inclán: la farsa elevada a categoría constitucional.

Al igual que Franco, Mariano Rajoy, y les estoy hablando del rito de la primera comunión, pretende ser investido Presidente del Gobierno por la gracia de Dios: “Tenéis que votarme porque Yo Soy Vuestra Salvación, Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida; el que cree en Mí, se salvará; fuera de mí están el caos de Pedro Sánchez y las tinieblas de Podemos”.

Mariano es el pastor que apacienta el rebaño; el sueño de la médula teocrática produce monstruos. Él es imprescindible, incorruptible, inmarcesible: hasta el gran jefe indio Obama se rinde a sus encantos. Él es el Sistema y todos los no comulgantes somos Antisistema: con la derecha de Nuestra Señora de Fátima Báñez ofrece la sagrada pensión y con la siniestra de Fernández Díaz reparte hostias, en la acepción tercera.

Y ahora el Comendador de los Creyentes, guiado por la Divina Providencia, se dispone a subir a la tribuna del Congreso de los Diputados para que sus señorías comulguen con hostias como ruedas de molino.

Foto: Agencia EFE.

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