¡Por fin Lugo está en el centro de gravedad del Universo!”, proclama con ironía y humor, digno de Álvaro Cunqueiro, mi compañero de tertulias Luis Rego desde la sede episcopal de Mondoñedo. “¡No, el centro gravitatorio está en Ourense!”, le corrige a pie de obra el novelista Xosé Carlos Caneiro.

Ourense y Lugo, la Galicia interior, tantas veces esquivadas por la pujanza del eje atlántico por fin en el centro del mapa, compitiendo en los telediarios y en Twitter con la partida de ajedrez Mas-Rajoy (en esta última jugada ¿ha dicho jaque mate o solo jaque al rey?). Lugo y Ourense compitiendo en popularidad con la dicharachera Esperanza, que aparca el coche con la misma soltura que su carrera política. Quien aparca, desaparca…

A lo que íbamos, Arquímedes: dadme una concesión en Lugo y moveré el mundo. Lugo es la provincia española más despoblada y con la población más avejentada. Tiene 350.000 habitantes (cien mil menos que hace siglo y medio, en 1857) y casi la mitad son pensionistas (“Lugo reacciona”). ¿Cómo es posible que Lugo sea primera en todos los periódicos por casos de corrupción, drogas, prostitución, burdeles, mafias policiales, asesinatos, encubrimientos, vendettas?

La ciudad encadena un rosario glorioso: operación Carioca (iniciada en 2008, más de cien imputados, varios en prisión: taxistas, informáticos, empresarios, un ginecólogo, abogados, propietarios de prostíbulos, un cabo de la Guardia Civil y un agente de la Policía Local); caso Campeón (mayo 2011, quince detenidos, una imputación alcanza al exministro José Blanco). Ahora, caso Pokemon: ya van dos docenas de detenidos en toda Galicia y en Madrid, varios han ingresado en prisión sin fianza; ya se ha cobrado dos alcaldes, Boqueixón y Ourense, un jefe de policía local y la jueza sigue tirando de la manta.

Ninguna razón explica que Lugo sea el Bronx o Palermo. No hay noticias de genes mafiosos en el ADN lugués. Se me ocurre una explicación sencilla: en Lugo hay al menos dos juezas, Pilar de Lara y Estela San José que se toman su trabajo en serio. El sumario del caso Dorribo, que he leído, son decenas de tomos. En la operación Pokemon aún abierta se habla ya de 7.000 grabaciones. Cuando el alcalde socialista de Ourense fue detenido, su partido reaccionó a la defensiva: la jueza calienta la campaña electoral. Quizás la jueza tenía su instrucción muy avanzada y no fue ella quien adelantó las elecciones gallegas. Luego, cuando también detuvo a un alcalde del PP, todos contuvieron la respiración.

En Lugo y Ourense hay políticos serios y honrados, así del PP como del PSOE, pero esta “mancha negra” les contamina, siembra la duda y el descrédito. Al cabeza de lista del PSOE en Galicia, Pachi Vázquez, le ha cambiado el semblante estos días: mucho tienen que cambiar las cosas para que no de por perdidas estas elecciones. Feijóo le ha ganado por la mano fulminando a su alcalde popular, mientras el de Ourense se enroca, abandonado por todos. No creo que Lugo sea sitio distinto ni merece ser centro del universo por asuntos tan turbios: quizás si hubiera cincuenta juezas como De Lara y San José, habría cincuenta casos Pokemon, uno por provincia, incluida Cataluña, con o sin independencia. Lo de Lugo y Ourense son tumores malignos, pero que nadie se confunda: el cáncer está muy extendido. @Tornarratos

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