por Miguel Varela [El Día de León, 11 de noviembre de 2017].

Entre febrero y abril de 1843 se publican en el periódico El Sol un puñado de artículos firmados por un joven llamado Enrique Gil y Carrasco. Los titula Bosquejo de un viaje a una provincia del interior. Ahí empieza todo.

El imaginario que, para bien y para mal, ha pesado sobre el Bierzo en los últimos dos siglos arranca en este relato entre lo apasionado y lo erudito de un poeta villafranquino que se había ido a la capital mucho antes de que Baroja recomendara a los mozos con vocación de escritor que se fueran a Madrid a ponerse en la cola.

Siguiendo sus pasos, algún regeneracionista de principios del XX lanzó su mirada crítica sobre este pedazo de tierra pegado al Sil. Es el caso de Castaño Posse en Una excursión por las Médulas, todo un tratado sobre la agónica situación de la comarca y su incapacidad para sacar provecho de sus recursos, que parece escrito ayer por la tarde.

El juego metafórico de Gil hizo fortuna años después, cuando fue recuperado en “Viaje a una provincia interior” por Raúl Guerra Garrido, vasco madrileño de origen berciano que ha buceado en la memoria de su juventud cacabelense como frecuente materia proteica de su obra.

Después, Valentín Carrera, el último romántico de esta comarca ensimismada, metió a Gil en su mochila para El Viaje del Vierzo y Viaje al interior por la provincia del Bierzo, dos títulos iniciáticos para los que quieran conocer esta tierra sin necesidad de envolverse en banderas o exaltaciones patrioteras.

De Gil, de Raúl y de Valentín hay huellas en el Viaje a una provincia invisible, un libro reciente de Alfonso Fernández Manso, que juega con la ventaja de ver nuestra tierra con la limpieza en los ojos del que no ha nacido en ella, sin más ataduras sentimentales que su enamoramiento, libre del exceso de confianza del que la conoce demasiado.

Alfonso nos ayuda a entender esta provincia interior que busca su lugar al sol de los boletines oficiales sin acabar de reponerse de la pérdida del monocultivo carbonífero-energético que, hora es ya de empezar a reconocerlo, tanto daño le ha hecho al territorio. Alfonso aporta un mapa para encontrar nuestro camino a un futuro de economía circular, sostenible y saludable, frente a la cuadratura minera en la que hemos reposado nuestras cabezas el último siglo, ignorantes de que el principal beneficio de la minería nunca queda en el territorio minero. Un camino cargado de incógnitas pero imprescindible para salir del marasmo asfixiante que nos rodea.

Sabemos que apostar por una agricultura de calidad supone enfrentarse a la escasa profesionalización del sector, a un minifundismo atroz de la propiedad y al envejecimiento demográfico. Sabemos que necesitamos un turismo no intrusivo, que mire más a la calidad que a la cantidad, selecto, no masificado y menos estacional. Sabemos que la cultura puede generar empleo y por eso necesitamos más teatros, más bibliotecas, más espacios culturales, pero también más librerías, más galerías de arte, más pequeñas iniciativas empresariales y asociaciones con clara conciencia del sentido asociativo y sus posibilidades.

Alfonso, Enrique, Raúl, Valentín. Nombres para entender esta pobre y digna provincia interior.

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