Hoy, viernes 16, se constituye en el antiguo cuartel militar del Hórreo, hoy sede de la ¿soberanía popular gallega?, el nuevo Parlamento elegido en las urnas el 21 de Octubre. ¿Cuáles son los retos de la IX Legislatura? Se diría que todo está por hacer, incluida la propia democracia. Los nuevos diputados tienen que salir a la calle, “a la calle que ya es hora de pasearnos a cuerpo…”

Sus señorías empiezan con mal pie el período 2012-2016 enzarzándose en una cativa disputa sobre los puestos en la mesa del Parlamento, asunto que se la trae floja a los ciudadanos y de escaso interés para el gobierno de la cámara, dado que el PP en ningún caso renunciará a los tres puestos, de cinco, que corresponden a su mayoría absoluta. Harán mal sus señorías en perder más de una reunión en esa disputa y quien lo haga demostrará su lejanía con la realidad.

El PSdeG anuncia una legislatura centrada en la economía: descartado Pachi como cabeza del grupo (¿o no?), no consigo adivinar quién será el cerebro de la legislatura. Entre los dieciocho diputados solo hay dos economistas, el desgastado y agotado Abel Losada y Juan Carlos González Santín, 45 años, Lugo, miembro de la ejecutiva de Besteiro. Atentos.

Entre los líderes de AGE y BNG no se vislumbra ninguna cordialidad; no les será cómodo compartir la casa común del nacionalismo, lo cual tampoco parece estar en el centro de las preocupaciones ciudadanas. Más bien, sus riñas producen desapego e indiferencia.

El PP podría tener la tentación de columpiarse en la hamaca de su holgada mayoría “absolutista” y transitar por la legislatura como un paseo militar. Amortizados los perdedores en la noche electoral, solo Beiras y Yolanda Díaz parecen estar en condiciones de cambiar al PP el paso de la oca. Pero, si se confirman las previsiones, el vehemente Beiras tendrá enfrente al diputado más curtido y templado del PP, Pedro Puy. Ambos portavoces son brillantes y tienen sólida formación y, aunque les separan veintiséis años de edad, tienen amplia experiencia. Representan las dos orillas del nuevo Parlamento y en los próximos cuatro años harán que salten a la opinión pública debates apasionantes.

Bueno es que el Parlamento salte a la calle: mejor sería si, además, la legislatura comienza con una batería de propuestas cercanas, urgentes: despoblación, envejecimiento, jóvenes emigrantes, preferentes, desahucios, Novacaixagalicia, sector lácteo, industria naval, educación, sanidad… viendo el panorama, se diría que todo está por hacer. Incluida la propia democracia.
Después de 30 años, el nuevo Parlamento podría hacer una encuesta seria sobre el conocimiento real que la gente tiene de quiénes son y qué hacen sus diputados y diputadas. El contacto directo con los ciudadanos, bajar del coche oficial y la alfombra roja, hacerse esponjas porosas y escuchar, estar presentes cada día en las oficinas del paro y en los desahucios, visitar escuelas y hospitales de incógnito, sin propaganda, y comprobar las necesidades, salir a la calle, ¡a la calle, que ya es hora de pasearnos a cuerpo…! En definitiva, salir de una vez de la nave extraterrestre en la que dormitan muchos inquilinos, nuevos o repetidores, del viejo cuartel del Hórreo.

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