Don Paco Fernández Oviedo fue un maestro republicano, represaliado en la posguerra, amigo de Dámaso Alonso y Valentín García Yebra, a quienes acompañó en alguno de sus viajes dialectológicos, el de 1957 por la Cabrera Baja, caminando desde Pombriego hasta Benuza, antecedente del viaje de Ramón Carnicer en el verano de 1963, cuya verdad cuenta en castellano transparente Donde las Hurdes se llaman Cabrera.

Don Paco fue el maestro de Preparatoria de miles de bachilleres ponferradinos, entonces solo chicos, en los años 50 y 60: en su escuela libre, tolerada por la Inspección del Régimen, se estudiaba al exiliado Alejandro Casona, Flor de leyendas, se leía a diario El Quijote y se jugaba al ajedrez: hacíamos “juicios” con abogado defensor, fiscal y tribunal, aprendiendo a debatir, opinar y respetar el uso de la palabra. Daba temibles tortazos, es cierto, como para dejarte sordo; pero en aquella época eran práctica corriente los castigos con regla, varas de mimbre o gomas de neumático.

Siento una deuda de gratitud con don Paco, a quien debo los cimientos más sólidos de mi formación intelectual: recuerdo a una profesora que en sexto de bachillerato me dijo: “Tú sigues viviendo de las rentas de la Preparatoria”. Tenía razón, y aún hoy la tendría si considero la profunda huella de aquellos años y aquellos libros de texto que conservo como oro en paño. ¿Quién habría llegado a ser don Paco de no haber sido un maestro republicano depurado y atemorizado por el Régimen?

Foto: Paisaje berciano, de Anxo Cabada.
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