Comprendo que el presidente Rajoy se enfade cada vez que la realidad le cambia el guión; esta semana los periodistas hemos tenido que escribir la columna tres veces y créanme, aún no sé si añadir puntos suspensivos al final de cada párrafo. Intento ver el horizonte en vuelo rasante, sin pretensión profética, al revés que Rajoy, que anuncia investiduras sin ver el horizonte:

“Hay gente que ni siquiera quiere sentarse a hablar de mi investidura”, ha dicho Mariano encogiéndose de hombros con ese gesto tan suyo, y ha salido rápido (¡qué agilidad, se ve que hace footing!) a tocar a rebato desde el campanario de plasma de la Moncloa, con la mente puesta en la Mesa del Congreso del próximo miércoles.

A ver, Presidente: llamar “gente” a los demás está feo y ponerse a concelebrar urbi et orbe con el cadáver de Mas de cuerpo presente, amén de una sobreactuación patética, es de mala educación. Comprendo su ansiedad, pero ya dijo Susana Estela de Perón que hay que controlar el estrés. Tanta urgencia en salir que ni siquiera pudo usted contactar con “el de Podemos” (¿dónde rayos se habrá metido don Pablo Iglesias para estar ilocalizable un domingo por la tarde? Igual le llamó por wasap; estas cosas, Presidente, o por el teléfono rojo de Soraya o las lleva el CNI directamente).

A lo que vamos: el rey Artur decapitado y en el PP encendiendo tracas para asustar a los niños y a las viejas. A Rajoy se le notaba contrariado:

—Ahora que había aprendido a decir Mas.

Veo a Jorge Moragas dándole clases de catalá en la intimidad: “Puch-da-món, repite conmigo Mariano, puch-da-món”. “¿Pero si pone Pu-ig?, mira, Pu-ig, como la colonia”. “Nada, que no hay manera”, Moragas vencido.

Haga como Inés Arrimadas (¡qué mala leche se gasta la lideresa!), llámele Mas: “Vamos a votar a Más de Mas”. No deje que la realidad le estropee su guión.

La desconexión de Cataluña va en serio, pero no se mortifique: cuando llegue el choque de trenes, usted ya no será presidente. Ahora céntrese en eso que un colega de TVG ha llamado “rituales de apareamiento”. Nada de insultos, ni llamar “gente” a Pedro y afearle que flirtee con “la extrema izquierda y los radicales”. El cortejo nupcial requiere amabilidad, sonrisas, besos, un poquito de seducción antes (durante y después) de llegar al tálamo. Este Mariano se empeña en desvirgar a Pedro Sánchez por el derecho de pernada y va a ser que no, oiga. Salvo que le diga a la peronista:

—Puig-da-món, cariño, que viene Puig-da-món –y el socialismo nacional se abra de piernas. Ya veo el éxtasis de Santa Susana: “No es por vicio, Mariano, que sepas que lo hago por la estabilidad”.

En fin, votantes y votantas: los próximos meses habrá que recomponer el puzzle que le habéis desmontado al Presidente en funciones. Como dijo el difunto rey Artur: “Que los escaños den lo que no nos dieron los votos”, y se hizo el harakiri con su Excalibur: Star Wars en versión catalana (por cierto, un fracaso en taquilla).

Empiece, señor Rajoy, por cortarse las venas el día 13, miércoles de ceniza anticipado. En el pecado lleva la penitencia: habrá una mesa del Congreso de los Diputados hostil al PP, partido descolocado hasta de su bancada, que deberá valorar si pasa de los insultos a la agresión como método nupcial. ¿Rafa Hernando y Maíllo o Andrea Levy?

Luego vendrá el 25 de enero, festividad de la conversión de San Pablo: debate de investidura. Mariano cae del caballo camino de Damasco. Se iniciará un calvario de dos meses, incluido el martes de carnaval. Veo a Soraya y Margallo, que como buen ministro de Exteriores lleva el asunto de Cataluña, desfilando en la comparsa de Triana. Fin del cortejo, sin apareamiento posible, y nos metemos en la Semana Santa que este año cae pronto: 21-27 de marzo, convocatoria de nuevas elecciones generales.

Y hacia el 18 de mayo (aprox., no me pidan que afine más) elecciones y vuelta a la casilla de inicio: resultados aún más fragmentados, puzzle desbaratado y berrinche del niño. Ante este panorama, ¿qué hacer?, como diría nuestro bienamado Lenin.

Is your fracaso, stupid –que diría Bill Clinton.

Hace tiempo que los votantes indican a los fracasados la puerta de salida. Hay que eliminar las piezas sobrantes. Tres legislaturas sin jugar. La CUP ya nos hizo el favor de quitar a Mas; ahora toca quitar la piececita de Rajoy: tranquilos, que el país no se va a hundir por eso. Toca sobre el tablero una nueva generación de apóstoles y apóstolas: Pedro, Pablo, Colau, Anna Gabriel, Oltra, Yolanda, Julio, Martiño, Carolina, Andrea, Junqueras y los Albertos (Garzón, Rivera y Núñez Feijóo).

Ah, y a Puch-da-món, señor Rajoy, si ha podido usted con el inglés, malo será que no consiga decir Puch-da-món sin que en Cataluña “la gente” se ría. Si va usted a romper España, por lo menos que la Guardia Civil lleve bien su nombre cuando vayan a detenerle.

@ValentinCarrera  
Ilustración: Brain Candy
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