Aguardo cada año doce meses a la Luna Llena de Enero, “no hay luna como la de enero, ni amor como el primero”, con la certeza de saberme enamorado por vez primera como la primera vez, ¿recuerdas, amiga, nuestro primer beso? Teníamos quince años y un día.
Aguardo doce meses contemplando estrellas, viendo pasar aviones y pájaros, nubes alborotadas, humos forestales, rayos y ráfagas luminosas del faro que desvela mis secretos de alcoba.
Aguardo cada invierno y, apenas se acerca el plenilunio, escucho la voz de la abuela María Fierro atareada por los rincones de la casa musitando su coplilla: “A la luna de enero, te he comparado, que es la luna más clara de todo el año”. Dicho de la bisabuela, transmitido por vía materna, que cuento a mis hijas para que el eco ancestral resuene dulce en los oídos de nietos y nietas, que todo se andará.

Los decires de la Luna Llena de Enero son tan antiguos que aparecen en refraneros del siglo XVI, con variantes populares como “no hay luna más clara que la de enero, ni amores más queridos que los primeros”.
“Traten a esta luna como un equinoccio o un solsticio”, dice Lena Stevens en el blog Anclaje de Luz. Es lo que yo hago; mientras otros celebran el día del Pilar, santa Constitución o san Canuto, mi festejo anual, mi solsticio personalizado es la Luna Llena de Enero.
Al llegar la fecha, saco del baúl la túnica de lino que el druida celta Patrick Ewen me regaló en nuestro viaje por Brocelianda [1988, la berciana Ula Prada propició el encuentro, del que hay fotos y actas notariales]. Oreo la lavanda y ciño la túnica con el cinto de cuero donde labro las muescas de la vida con mi navajita de Taramundi, de cachas de madera labradas al fuego; y subo lentamente, a pie, en mitad de la noche, solitario, hasta la cumbre del Pico Sacro; y allí, desnudo como hijo de la mar, apenas abrazado a la cantimplora de aguardiente, en absoluto y conmovedor silencio, contemplo el valle del Ulla.
Pasada la medianoche, aterido, regreso a casa y, junto a la chimenea, recuerdo el refrán socarrón del tío Blas: “En enero, echa una firma al brasero”.

Refranero de la Luna Llena de enero (pdf)
por José Manuel Pedrosa, de la Universidad de Alcalá

[Foto: Carmen Rosa]