Una serpiente venenosa recorre el espinazo de la política, la ley del embudo: si lo hago yo, está bien; si lo haces tú, está mal. Si me interesa, invoco la Constitución, los estatutos del partido, la objección de conciencia, la Biblia, el sursum corda; si lo haces tú, te aplico la ley suprema, el reglamento inequívoco, la norma sagrada, te doy con el estatuto en la cabeza.

Una bomba atómica es buena si la tenemos los buenos y mala malísima si la tienen Ahmadineyab o Kim-Jong-un. El espacio aéreo USA es inviolable -¡toma, como el Rey!-, pero los drones sin tripulación del Pentágono pueden penetrar el espacio aéreo de cualquier país, ajusticiar al condenado sin juicio y regresar a casa impunemente. Incluso pueden entrenar en una base aérea de Lugo.

Doscientos alcaldes y altos cargos del PP rodean el Parlamento Gallego y es por el bien del país; un puñado de víctimas de la codicia se ponen una camiseta en la tribuna y corre peligro la democracia. El líder de la izquierda gallega, Beiras, se planta cabreado ante el escaño de Feijóo en mitad de una sesión parlamentaria y rompe “las normas de la Cámara” o “está pasado”; pero las salidas de tono del venerado Manuel Fraga, que llenan tomos enteros, eran simples anécdotas. Tenía mucho carácter.

No soy yo quien compara y pone a unos y otros en la balanza: son los que practican la ley del embudo. Si el alcalde imputado es tuyo, ¡dimisión inmediata!; si el exministro es mío, “prevalece la presunción de inocencia; hay que dejar trabajar a la Justicia”. “Lo dice la Constitución”.

La Constitución dice muchas cosas y a los gobiernos se la fuma. También dice que tenemos derecho a una vivienda y que somos iguales ante la ley. Por favor, que no le den al juez Castro las declaraciones de la renta de doña Cristina Federica de Borbón y Grecia, ni la mía: atenta contra nuestra intimidad. Y ¿qué dice la Constitución a los 6.202.700 parados? ¿Y de los 526 desahucios diarios? ¿Y del sueldazo compatible de Acebes, de Solbes o de Elena Salgado? No, hombre, eso no viene en la Constitución.

Para recibir órdenes de Merkel, somos europeos; para reconocer a Kosovo, no; no vaya a ser que se contagien Cataluña y Murcia. A las primarias de los socialistas gallegos, les aplicamos el reglamento; en UGT lo cambiamos, pero al Secretario Perpetuo le damos doce añitos de prórroga, que solo lleva seis mandatos en el cargo.

¡Ah, las normas! ¡Qué suerte ser “políticamente correcto” y tener el sueldo de Acebes, el ERE de TVE (el del 2008, pagado por todos), el contrato indefinido de Cándido Méndez y el chalet de Cospedal!

En cuanto ve amenazados sus privilegios, al poder se le llena la boca de normas. El profeta Jesús de Nazaret desafió abiertamente a la autoridad religiosa y civil, y pagó las consecuencias. El extraparlamentario Julio César cruzó el Rubicón desobedeciendo las órdenes del Senado. Franco se pasó la legalidad de la República por las armas. Con la ley del embudo en la mano, Aznar, Bush y Blair le hicieron un escrache a Irak que costó un millón de muertos y un país destruido, legalmente, claro.

Como la inmensa mayoría de ciudadanos, procuro respetar la Ley de todos y para todos, pero no esa mugrienta ley del embudo, la ley de los poderosos. Quizás sea tiempo de cambiar seriamente de leyes… o de políticos.

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