“Esta semana no hables de política, que está todo el mundo saturado”, me susurra al oído, cariñosa, Quienbientequiereteharállorar.

—Pues entonces voy a escribir de sexo, algo procaz y muy obsceno, que ponga de los nervios a las señoritas de pimpiripingo. Hay una profesora de Málaga que anda predicando a las alumnas que tienen que llegar vírgenes al patrimonio, como ella…

—¡Por dios, Carrera, madura de una vez!

—Joler, si no puedo hablar de política ni de sexo ni de religión, se me acabaron los temas. ¿De qué quieren que hable? ¿De los almendros en flor?

Llamo a mi paño de lágrimas de los últimos treinta y pico años (se dice pronto, treinta y cinco años compartiendo caminos, como si fuera fácil).

—Irene, estoy bloqueado; necesito un tema para el artículo semanal.

—¿Por qué no les hablas de la inteligencia colectiva?

 

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