Tranquilidad, mucha tranquilidad. Os recuerdo la frase del pensador estoico compostelano Laureano Otero cuando alguien, ya fuese creyente o resignado, decía: “Estamos en las manos de Dios”.

—¡Pues cualquier tonto lo haría mejor!

Llevamos cuatro años en las manos de Mariano Rajoy y cualquier básico lo hubiera hecho mejor. Cuando tomó el poder, el 20 de noviembre de 2011, ¡qué distinta la foto en el balcón de Génova, besando a Viri en los labios!, aceptó la herencia de Zapatero a beneficio de inventario. “Sé muy bien lo que nos toca”, dijo, y al día siguiente de acabar el traspaso de poderes que Soraya calificó de “modélico y muy transparente”, comenzó a impugnar aquella herencia recibida y a sacar facturas atrasadas.

En estos cuatro años, cada vez que algo se torcía, al PP le bastaba con invocar la herencia de Zapatero en los medios adictos al régimen y eludir responsabilidades. Hoy es el momento de pasar página y comenzar a hablar en serio de la herencia de Rajoy.

Durante la larga campaña, Rajoy y el PP han jaleado el miedo, ¡nosotros o el caos! (como diría El Roto: “¡Pero si el caos sois vosotros!”) y ahora, lejos de reconocer el fracaso que ayer sobrevolaba Génova, como una boina de la corrupción sobre el cielo de Madrid, volvieron a intentar asustarnos: ¡Incertidumbre! ¡Inestabilidad! ¡Cómetelo todo, niño, que viene el Sacamantecas!

Algunos periódicos más marianistas que Mariano se han permitido abroncar al pueblo por votar mal, por equivocarnos. ¡Torpes, que sois unos torpes y habéis metido al país en un callejón sin salida, con lo bien que íbamos!

El cinismo en estado puro. Rajoy nos deja una herencia cojonuda: más de cuatro millones de parados, uno de cada tres ciudadanos en riesgo de pobreza (datos oficiales INE), la deuda más alta de nuestra historia (1.040 billones €); un sistema educativo a la deriva, sin ley ni Norte; sanidad y dependencia desmanteladas o privatizadas; incendiar el contencioso catalán para sacar réditos electorales miserables.

Durante estos cuatro años, Mariano Rajoy ha sido el tapón del fregadero: inmovilismo absoluto con la ley Wert, con Cataluña, con la reforma laboral, con la reforma de la Constitución, con todo. Ayer votamos quitar el tapón para que salgan las aguas sucias y se limpien todos los posos. Una legislatura perdida se va por el desagüe: esta es la herencia de Rajoy.

De modo que tranquilidad. Se va el caos y el desorden, el incendiario de Cataluña, el dogmático constitucional, el autoritario, el recortador rígido, el autista de plasma, un gobierno mediocre, enfermo y enfermizo.

¡Vaya que si hemos acertado! España se parece muy poco al registrador Rajoy y al PP de ordeno y mando. El resultado de las urnas el 20D es sano, plural, discrepante, multicolor, mucho más fiel a la realidad social. Los políticos tendrán que aprender a dialogar y convivir como hace el resto del país: respeto y convivencia multicolor en la familia, en la comunidad de vecinos, en la escuela, en el barrio, en el estadio, en la iglesia y en la mezquita, en los medios de comunicación.

Tranquilidad. La sociedad española, plural y libre, repudia la herencia envenenada y caótica de Mariano Rajoy y le invita a un traspaso de poderes “modélico y transparente”.

@ValentinCarrera
Ilustración: viñeta de J. M. Nieto, Expansión
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