La cruz. Quiero expresar mi respeto a Manuel García Viejo, médico y misionero berciano de la Orden de San Juan, natural de Folgoso de la Ribera, especialista en medicina tropical, víctima del virus Ébola del que se contagió en un hospital de Sierra Leona, al servicio de los más humildes. Mi pésame a su familia, amigos y vecinos de Folgoso. Ser misionero en el corazón de África es dedicación de alto riesgo y quien asume ese sacrificio por convicciones personales o creencias religiosas merece toda nuestra consideración.

La cara. Quiero expresar mi asco por la cara dura del obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig Pla, por su carta de incitación al odio y a la homofobia, contraria a los derechos humanos, inaceptable en una sociedad democrática. Reig Pla tiene algún tipo de limitación o enfermedad psicológica, está obsesionado con el sexo de los demás (no sabemos si también con el suyo propio) y se cree la reencarnación de Torquemada. Carece de caridad cristiana y si le dejásemos avanzar un milímetro más, muchos acabaríamos en la hoguera.

Todos los cultos y creencias contienen consuelo al que acuden muchos creyentes cuando la vida o la muerte nos angustian; pero también bajo los hábitos y sotanas se esconden inquisidores reprimidos y violentos, empeñados en gobernar las vidas ajenas. ¡Basta ya de amenazarnos con las penas del infierno!

El obispo Reig Pla representa lo peor del Catolicismo, la cara medieval de quien vive ricamente en su palacio, rodeado de oros y platas, obsesionado con el sexo, con prohibirlo todo, con perseguir a gays o feministas. En su desvarío dice que hasta “el PP está infectado”, pero él sí que está infectado por el odio y la hipocresía: ni una palabra sobre su colega, el arzobispo católico Wesolowski, pedófilo al que la Policía acaba de encontrar más de cien mil fotos pornográficas de jovencitos en un ordenador propiedad del Vaticano. ¡Dejadnos en paz!

Manuel García Viejo representa lo mejor del Cristianismo, la cruz de la entrega y el servicio a los demás. No quiso gobernar conciencias y dictar credos. Podía haber sido médico famoso y rico, pero dejó la vida cómoda y se fue a Sierra Leona, el país más pobre y miserable del mundo, a limpiar llagas y cuidar moribundos, sin condenar a nadie. Compasivo. Descanse en paz.

La Nueva Crónica, 28 de septiembre de 2014
Foto: Atenas, de Anxo Cabada