Me asomo una mínima a la ventana para compartir mi alegría por la sentencia del Tribunal Constitucional que avala los matrimonios gays y la adopción de sus hijos. Hoy somos todos un poco más libres y civilizados. ¡Qué bien, ya se pueden juntar peras con peras y manzanas con manzanas, mal que le pese a la Botella, Rouco y toda la carcundia nacional e internacional!
Lo bueno es que también se alegrarán unos cuantos en el Vaticano, seguro. Y yo me alegro por ellos y por todos los gays del mundo.
Nunca más peras y manzanas en el armario: seamos cerezas poliamorosas, rojas, dulces, mezcladas, tentadoras, golosas, lujuriosas, de una en una, de dos en dos, de tres en tres…