[Nota del autor: Este atentado imaginario, sin víctimas, escrito con sarcasmo en 2011, anticipa sin querer alguno de los vicios políticos que afloraron tras el desgraciado accidente de Angrois en 2013. Con la perspeciva del tiempo, el lector encontrará retratadas las prisas electorales por colgarse medallas y cómo funciona la máquina de publicidad y propaganda de los ministerios, en este caso el de Fomento. De tales polvos, tales lodos].

Agencias, 10-XII.- Las desgracias nunca vienen solas; por si no fuera poco con la reciente derrota electoral y la petición del fiscal del Supremo en la Operación Campeón, al Ministro de Fomento José Blanco le ha estallado en las manos la inauguración de la nueva línea del AVE en el tramo Santiago-Ourense. A las 10:40 de la mañana de hoy, a la altura del Km. 35, próximo a Lalín, un grave sabotaje terrorista ha hecho saltar por los aires la nueva línea férrea. Afortunadamente, el convoy inaugural pudo frenar a tiempo y no llegó a descarrilar. La explosión fue seguida en directo por más de 200.000 espectadores de TVG, que retransmitía el acto.

Jornada histórica: ¡Por fin, la primera línea de alta velocidad en Galicia!, solo con diez años de retraso y 128 años después de la llegada del primer ferrocarril en septiembre de 1883. Todo dispuesto para estrenar el S-730, el flamante tren híbrido desarrollado por Talgo y Bombardier, con motores diesel, torres de refrigeración, depósitos de 2.000 litros y bogies de dos ejes de ancho variable para cambiar de red. La composición del convoy inaugural lleva dos vagones de 216 plazas en clase Turista, destinadas a los periodistas, y 26 plazas en clase Preferente, para las autoridades, además del imprescindible coche cafetería.

Todo transcurría felizmente la mañana del sábado 10 de diciembre, cuidadosamente elegida por el gabinete del Ministerio de Fomento para que Blanco pudiera inaugurar el nuevo AVE aún en funciones, antes de su cese, previsto para el próximo día 23. La jornada amaneció soleada y tibia: un magnífico día de otoño para disfrutar los paisajes de O Carballiño y las Tierras del Deza a la velocidad punta de 250 Km./h.

Las autoridades se dieron cita a las 10 h. en la estación de Santiago, construida en el siglo XIX e inaugurada por Franco en 1943. Dos azafatas de falda demasiado corta para la ocasión sonreían la bienvenida. El ministro Blanco forzaba una mueca desencajada, en dramático contraste con la cara de satisfacción del presidente Feijóo, acompañado por su mega-conselleiro Agustín Hernández. Tras ellos, los Alcaldes de Santiago y Ourense, y algunos diputados y parlamentarios entre los que descollaba Miguel Cortizo explicando a gritos sus funciones al nuevo Delegado del Gobierno; detrás, doscientos periodistas.

También se acercaron a la estación compostelana decenas de curiosos y un grupo de ferroviarios ataviados a la vieja usanza, miembros de la Asociación Galega de Amigos del Ferrocarril. Mientras autoridades e invitados ocupaban sus asientos en los vistosos vagones del S-730, la Banda Municipal interpretó el Himno Gallego. Eran las 10:15 exactamente cuando el primer AVE Santiago-Ourense se puso en marcha, exhalando un largo y emotivo pitido que se oyó hasta en la biblioteca del Gaiás.

En apenas dos minutos la composición alcanzó la velocidad máxima prevista, los 250 Km./hora, si bien la nota distribuida por el Gabinete de Prensa de Fomento hacía constar que en el período de pruebas el nuevo S-730 llegó a alcanzar los 330 Kms./h. del tren-bala japonés, proeza técnica no descrita hasta ahora en Galicia.

El viaje tenía una duración de 38 min.; atrás quedaron la falda del Pico Sacro y el espectacular viaducto del Ulla, 630 m. sobre el Paso da Cova, de gran belleza natural; luego, la mina de silicio de Serrabal, el Silicon Valley gallego, esa pesadilla. Todo transcurría felizmente hasta las 10:40, cuando se escuchó una detonación sorda y un fortísimo frenazo paró el tren en seco; vasos, tazas, alcaldes, periodistas, portátiles y móviles rodaron por los suelos y las ruedas chirriaron arrancando chispas a las vías de acero. Un potente artefacto –que el Delegado del Gobierno adjudicó de inmediato a los guerrilleiros– acababa de reventar la vía a escasos metros del viaducto Rego da Laxe, próximo a Lalín. De no haber sido por los reflejos y la pericia del maquinista, el tren se habría despeñado como en el puente sobre el río Kwai. Aunque los autores del sabotaje habían desactivado el suministro eléctrico, funcionaron a la perfección los sistemas de señalización ERTMS, LZB y Asfa digital, acreditando la solvencia técnica de la nueva línea.

La inauguración hubo de ser suspendida, mientras la policía científica iniciaba sus pesquisas. Las autoridades regresaron de inmediato a Santiago en sus coches oficiales y los periodistas aguardaron hasta bien entrada la noche la llegada de un autobús. En el momento de redactar esta crónica, ningún grupo ha reivindicado todavía este salvaje atentado.