-¿A qué huele Galicia? -me preguntaba un amigo vasco este domingo de Pascua.

-Cheira a sentido común -le dije. Y así fue, el menos común de los sentidos se impuso con la contundencia de los hechos que derriban tópicos y mitos. Estas elecciones gallegas, vascas y catalanas, que ya doy por concelebradas, nos dejan lecturas sobre las que reflexionar con sosiego.

Un. Abstención: La noche electoral mostró que la famosa “abstención” endémica de Galicia es falsa: la abstención apenas creció un 0,6%, del 35,6% en 2009 al 36,2% en 2012, y en todo caso fue inferior a la del 81, 85, 84, 87 y 2001. ¿Qué hilos interesados, de uno y otro lado, mecían la cuna del miedo durante todo el domingo rebotando en las redes avances de participación que presagiaban una abstención catastrófica? Unos movilizaron a parientes y descreídos, otros a creyentes y ancianos en sillas de ruedas; al final, Galicia votó con normalidad.

Dous. Sondeos: El candidato socialista Pachi Vázquez afirmó en campaña “El CIS no acierta nunca”. Suya sea la perla de honor en una nueva Antología del disparate. Los sondeos, desde el CIS a Sondaxe, pasando por laTVG, clavaron los resultados. ¿Qué mito es ese del “voto oculto”? Galicia transparente.

Tres. Voto de castigo a la legislatura pasada: Las tres fuerzas parlamentarias gallegas -PP, PSOE y BNG- pierden en conjunto casi quinientos mil votos: 492.000, de los que la nueva coalición AGE rescata doscientos mil. Hay 292.000 votantes gallegos que han vuelto la espalda a alguno de los tres partidos principales. ¿Desafección? Por cierto, exceptuando los cuatro líderes de siempre ¿algún vecino de Vigo o de Lugo conoce el nombre de un par de diputados de su zona? ¿Alguien habló alguna vez con uno, más allá de saludarle en el mercado durante la campaña?

Catro. Baviera resiste: Galicia sigue siendo Baviera, pero sin echar las campañas al vuelo. El PP perdió 136.000 votos (de los 789.000 en el año2009 a654.000). El 21 de Octubre deja dos enseñanzas: desde la refundación de Fraga en 1989, el PP nunca ha bajado de 37 escaños; las elecciones no se ganan pegando carteles: nos guste o no, las gana el señor D´Hondt. Feijóo, con sus flamantes 41 escaños, debe recordar un dato: tres de cada cuatro gallegos no le han votado. Libre de ataduras, Feijóo puede ser un gran presidente en esta legislatura si gobierna pensando en 1.747.000 gallegos que no han votado al PP.

Cinco. El PSOE se pasa al 15M. El PSOE perdió casi la mitad de su electorado, 230.000 mil votos, bajando de524.000 a 293.000; el peor resultado de su historia. Hay que remontarse a 1981 para encontrar a un PSdeG en horas más bajas. En 2009, al presidente Touriño -con 524.000 votos- le dieron una violenta e injusta patada en el culo la misma noche electoral; ahora el líder máximo Pachi se postula a sí mismo como el Mesías capaz de conducir al PSOE gallego a la vida extraparlamentaria. Es otro modo de entender el 15M.

Seis. El BNG sigue intacto. Cuando en primavera el nacionalismo gallego se desintegró en tres, el dirigente de la UPG Paco Rodríguez afirmó: “O BNG sigue intacto”. El domingo pasado el BNG “solo” perdió 125.000 votos retrocediendo veintitrés años, a su cota electoral de 1989. No reconocer la realidad es el modo de avanzar históricamente hacia atrás que practica en Galicia la vanguardia del proletariado representada por la UPG. Tampoco en el BNG ha habido dimisiones por ahora, más allá de algún digno militante aislado en A Rúa y Santiago.

Sete e media. La coalición Alternativa Galega de Esquerdas es un cóctel tan ilusionante como explosivo. Su primer reto será consolidarse como opción política sin caer en los mismos vicios del sistema que combate. Desde el BNG, el intrigante Aymerich ya ha pedido la reunificación del nacionalismo ignorando de nuevo la realidad: las bases siempre estuvieron unidas fraternalmente; en Galicia, el problema del nacionalismo y de la izquierda son sus dirigentes, visionarios, mesiánicos, ególatras, incapaces de leer en los labios de sus votantes: “Es tu dimisión, stupid”, que diría Bill Clinton.