Me encanta todo lo que es ilegal, es pecado o engorda, de modo que, no es por darles envidia, mañana me voy a Edimburgo, a votar en el referéndum por la independencia de Escocia. En cuanto se ha sabido la noticia, se han puesto muy nerviosos en Westminster, the Queen Elisabeth declara estar “horrorizada” y Cameron tiene pesadillas en las que se le aparece Carlos de Gales con faldas y a lo loco.

Dicen que está la cosa esa del referéndum muy ajustada, fifty-fifty, y un solo voto puede inclinar la balanza: el mío; y naturalmente, no les quede a ustedes ninguna duda, votaré a favor de la Independencia de Escocia. Y en noviembre ya he pedido vez en las urnas de Horta, donde estoy empadronado en casa de la Lina Huélamo, para votar por la Independencia de Cataluña, pues hay que ir sembrando precedentes para la que de verdad aquí nos interesa, la cada vez más próxima República Independiente del Bierzo.

Por eso, viajo a Escocia sobre todo a aprender, en misión diplomática secreta, como fue Gil y Carrasco a Berlín en 1845, a establecer relaciones con Prusia. Imagínense que el jueves 18S gana el SÍ y Escocia emprende el camino hacia la gloria y la libertad, sacudiéndose el yugo inglés: en tal coyuntura galáctica, que diría la exministra Leire, El Bierzo tiene que estar representado por alguien que sepa distinguir un escocés puro de malta de un vulgar whisky inglés.

Voy también, siguiendo los pasos de nuestro poeta romántico, a sentir la presencia de dos escoceses ilustres que inspiraron a Enrique Gil: el autor de Ivanhoe, Walter Scott, y su admirado Lord Byron. De camino quiero saludar entre la niebla del lago Ness a Nessie, que es como la independencia: todos hablan de él, pero nadie lo ha visto. Ya le he propuesto al Presidente de nuestro Consejo Comarcal poner un monstruo en el lago de Carucedo, que eso atrae muchos turistas y a Gil y Carrasco le hubiera encantado para su novela del Diluvio Universal Berciano.

Scott, Byron, Nessie, el botillo (que los escoceses llaman haggis), los pozos de petróleo… son tantos los hilos mágicos que entrelazan El Bierzo con Escocia que no puedo evitar sentirme tan escocés como sir Sean Connery con quien he quedado en su casttle de Wexford para proponerle rodar la próxima película del Agente 007 en Las Médulas.

Si no regreso, bien podría ser que atendiendo a la fraternidad berciano-escocesa Álex Salmond me nombre embajador en Samoa, donde tengo pendiente una larga conversación con Stevenson. Ya les iré contando.

La Nueva Crónica, 14 de septiembre de 2014
Foto: blog Sobre Escocia