[Scottish Tornarratos, I]

El Semanal Digital, Galicia Confidencial, Radio Galega y blog Tornarratos publican en exclusiva las crónicas de Valentín Carrera, enviado especial a Edimburgo con motivo del referéndum de independencia de Escocia.

En 1982, mientras España se preparaba para la mayoría absoluta de Felipe González, una flota de cien buques navegó 12.872 kilómetros a través del Atlántico para defender la soberanía británica de las islas Falklands. Más de mil soldados murieron en aquella guerra de las Malvinas que estalló porque unos chatarreros argentinos querían desguazar cascos en una ballenera abandonada en Georgia del Sur, ante cuyas orillas, navegando en el Pescapuerta IV hacia las Shetland, leí el relato de la más estúpida guerra colonial.

Repaso la magistral lección de periodismo escrita entonces por el equipo The Sunday Times mientras hilvano estas notas antes de partir, esta vez hacia las Orcadas y las Shetland del Norte, y me pregunto si en caso de que el chatarrero Alex Salmond declare la independencia de Escocia, Londres enviará una flota de cien buques y un ejército de feroces gurkhas dispuestos a pasar a cuchillo al 51% de la población de Edimburgo, como hicieron con los cátaros en Béziers, si el próximo día 18S votan lo que no deben.

The Queen horrorizada

De todo lo leído en las semanas previas al Referéndum de Independencia, sorprende la reacción de la Corona británica el pasado domingo 7, al conocer la primera encuesta en la que el SÍ independentista supera por dos puntos al NO unionista. Su Majestad, neutral pero “horrorizada”, ha tocado a rebato y el gobierno de Cameron desembarca en Edimburgo con ofertas de última hora. “Nos toman por tontos –ha dicho el primer ministro escocés, Alex Salmond-, ahora que ven las orejas al lobo, nos ofrecen lo que hasta ayer nos negaban”.

No descartemos que en noviembre ocurra algo así en Cataluña y la Corona española, igual de neutral y no menos espantada, obligue a que se ponga sobre la mesa un kilt escocés del que se pueda cortar un traje a medida, pues ese es el concepto residual de soberanía marxista que impera entre quienes cambian la Constitución por teléfono: “Si no le gustan mis principios, tengo otros”.

Groucho Cameron acaba de izar la bandera escocesa en Downing Street, ¡siete días antes de la votación!, y ha arrinconado los principios que bloquearon la autonomía en Escocia hasta forzar el actual referéndum, porque como bien sabemos la soberanía es indivisible e innegociable. Hoy se pasea por Edimburgo con unos nuevos principios bajo el brazo, ofreciendo autonomía a la carta, ¡anímense escoceses, que estamos de rebajas!

Pero todo eso ocurre bajo la niebla del miedo: la libra se desploma, os echarán de Europa… y se pintan escenarios terribles: si os vais del Reino Unido, será para vosotros el Apocalipsis, así que Better together. Londres no envía a los gurkhas, pero sí un ejército de amenazas; digámoslo claro, muchos escoceses votarán con miedo o sobreponiéndose al miedo.

No hay suceso histórico tan importante para el Reino Unido desde las Malvinas ni acontecimiento político tan importante para Europa como este Referéndum sobre la Independencia de Escocia. Cuestiona esa institución medieval caricaturizada en el retrato de tres ancianos con faldas publicado por Andy Buchanan (AFP): la reina Isabel, su marido Felipe y el príncipe prejubilado Carlos de Gales.

El referéndum, el solo hecho de preguntar, cuestiona y obliga a revisar los dogmas constitucionales que sustentan los Estados-nación: constituciones, fronteras, soberanía. Si Escocia decide hacerse mayor e irse de la casa común británica, hará reventar muchas costuras europeas. Y aunque no se vaya ahora por un margen muy ajustado, hace tiempo que los independentistas han ganado el referéndum.

Duelo de titanes

Por eso, en los días que quedan hasta el 18S veremos recrudecer las amenazas y sembrar el miedo a la soledad, a lo desconocido, a la incertidumbre, a la intemperie. No es razonable que después de treinta siglos ensayando y desechando ciudades-estado, reinos, repúblicas, imperios, formas de organizar la convivencia entre los pueblos, no seamos capaces de entendernos en las urnas para construir un modelo de Estado del siglo XXI.

Me disgusta del desafío catalán que se hable mucho del pasado y poco del futuro; lo que más me gusta del proceso escocés es su guía, Scotland´s future, seiscientas páginas densas con propuestas detalladas sobre el futuro de Escocia. Un futuro que los “separatistas” se plantean juntos: “Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte son y serán siempre nuestra familia, nuestros amigos y nuestros vecinos más cercanos”. Lo afirma Alex Salmond en la primera página de Scotland´s future y añade: “Escocia dentro de la Unión Europea y bajo la corona de Her Majesty The Queen”. ¿Por qué entonces Londres entra en pánico, la Reina está horrorizada y se agitan en palacio los fantasmas de Lady Macbeth?

Al Este del meridiano de Greenwich, Artur Mas ha dicho que lo suyo “no es una batalla de testosterona, sino de neuronas”. Sería estupendo y muy constructivo escuchar a Mas y a Oriol Junqueras: “Aragón, Castilla, Andalucía y Galicia serán siempre nuestra familia y nuestros amigos”; y oírles pedir como Salmond “una Cataluña independiente bajo la corona de Su Majestad”. De momento, veo a Mas y Rajoy como a Burt Lancaster y Kirk Douglas en Duelo de titanes, a punto de desenfundar. Por si empieza el tiroteo, me voy a Edimburgo, a ver si me dejan votar. Ya les iré contando.

Seguir Scottish Tornarratos en exclusiva en:
El Semanal Digital
Galicia Confidencial [en galego]
Foto: Andy Buchanan, AFP