Como ciudadano con pasaporte español, siento “secuestrado” mi derecho a votar en los grandes asuntos de Estado, sobre los que nadie nos pregunta; y en las pequeñas y no tan pequeñas cosas de cada día, en las que tampoco se nos consulta.

Pero como el diccionario de la RAE no me ayuda con este titular de película, Secuestrados, y no quiero caer en los excesos verbales al uso, diré que siento mis derechos “embargados”, siendo embargar: “Dificultar, impedir, detener. Suspender, paralizar los sentidos y potencias del alma; retener, en virtud de mandamiento judicial, un bien que queda sujeto a las resultas de un procedimiento o juicio”.

Mi derecho a decidir hace décadas que está embargado en nombre de una Constitución que me niega el derecho al trabajo, de una legalidad que expropia mi opinión sobre las centrales nucleares, la república, el aborto o el rescate bancario; o en nombre de una soberanía medieval, fantasma, inexistente e imposible con la que Merkel se hace pulseras y collares.

Hay mucho autoritarismo agazapado en Moncloa y en el Tribunal Constitucional a la caza y captura de ciudadanos indefensos, a los que nos aplican la ley como una estaca. Mientras no podamos ejercer nuestros derechos, a mí no me representan ellos ni sus leyes.

Ilustraciones: Rutas de Polichinela
y Alacant obrera