Gracias a la crisis ha mejorado la calidad de vida del perro de doña Esperanza Aguirre. Esta señora, que es una sinvergüenza con premeditación y alevosía, además de ensuciar diariamente la vida pública, presume de que, por la crisis, su perro ya no come croquetas de perro, sino “las sobras de nuestra comida”.

Igual que el perro de doña Esperanza, miles de personas en este país y en el mundo comen cada día “las sobras de nuestra comida”. La sola forma de decirlo, en quien tiene responsabilidad política, muestra un desprecio a los demás y una soberbia incompatibles con la decencia. Tal vez la condesa Aguirre debería comer durante la próxima legislatura las sobras de la comida de su perro.

Pero lo que más me indigna es escuchar a otras personas, por desgracia muchas, que aplauden y vitorean a Aguirre, jalean sus patochadas de rica, de señorita feudal, incapaz de sentir compasión. Hace poco el Nobel de La Paz 2014, Satyarthi, nos hablaba desde un corazón inmenso de la compasión como arma revolucionaria para transformar el mundo. Satyarthi lucha contra la esclavitud infantil en la India, y ha sacado de la calle a miles de niños y niñas explotados, prostituidos, violados.

Mientras Satyarthi mira a los ojos y habla al corazón, doña Esperanza mira su patrimonio y habla a las vísceras. Es nula su capacidad de empatía con el que padece hambre o frío, también gracias a la crisis, señora: no se ría del débil, no frivolice con el hambre ajena. ¡Qué suerte tiene su perro!

Cuando el próximo domingo vayan a misa (cada cual a la suya) antes de ir a votar y examinen su conciencia (cada cual la suya, también), piensen si esta Doña es la vecina que les gustaría tener, o la maestra de sus hijos, o la doctora de sus enfermedades. Hay muchas esperanzas aguirre frivolizando la vida pública desde su forrada cartera y sus privilegios de casta, mientras doce millones de españoles viven en la pobreza (Informe Cáritas 2014).

En estos días es el aniversario del 15M que algunos dan por muerto: yo creo que el 15M es más necesario que nunca, y no estará superado mientras haya un solo niño o niña que coman peor que el perro de doña Esperanza Aguirre.

La Nueva Crónica, 17 de mayo de 2015
Foto: Agencia Efe