Ella tenía un novio inodoro, incoloro e insípido. No era carne ni pescado. Lo llevó a empeñar al Monte de Piedad y en la ventanilla se lo rechazaron por no acreditar que había sido adquirido legalmente.

Intentó dejarlo en un contenedor de reciclaje, pero no era de papel ni de vidrio. Tampoco era exactamente orgánico y, además, no cabía por las ranuras. Preguntó en el Punto Limpio y también allí se lo rechazaron: “No recogemos novios usados, pruebe a ver en la parroquia”, le dijo el funcionario pulcro con sueldo de mil eurista recortado.

De camino a la iglesia pasó un basurero que el ayuntamiento cultivaba como atractivo turístico: al anochecer sobrevolaban las gaviotas y con la niebla parecía un lago interior. Un lago asqueroso. Le dio reparo dejar allí un novio sonso, como si fuera un frigorífico viejo.

En la sacristía, una asistente social ojiplática fue contundente: “Si fuera ropa en buen estado, aún, pero ¿qué hacemos nosotros con un novio? El señor cura no gasta de eso y yo tampoco”.

Ya empezaba a pesarle más de la cuenta el muerto aquel que sonreía como un pánfilo, parecía un palmero en las juntas nacionales del PP, y se dejaba traer y llevar como un bulto inútil, un grano en el culete: mal asunto tener que andar enseñándolo por toda la ciudad, aunque fuera inodoro, incoloro y suponía que insípido.

Pensó en colocárselo a su amiga Paquita, solterona con espolones, “te vale para sentar en el salón, frente a la tele –le diría–. Con bata y zapatillas y una cerveza en la mano, aún te hace apaño de marido, o para dejar en el coche cuando aparques en doble fila”. Pero Paquita rehusó el ofrecimiento altiva y misteriosa: “Gracias, hija, yo ya estoy bien servida…”.

¡Caramba con Paquita, tan rezadora y tan mosquita muerta! Se habría pasado del café con leche al orujo, suele ocurrir, que la soledad es mu mala. Desesperada, vagó por las calles de la ciudad con aquel novio sonso y palmero del ganchete hasta que de pronto, como una revelación digna de San Pablo camino de Damasco, vio la luz: se lo colocó a UPyPPSOEB y lo hizo concejal.

La Nueva Crónica, 12 de abril de 2015
Viñeta: Mingote