Hemos pasado de la postcampaña 20D a la precampaña 26J sin apearnos del carrusel. No conozco a todos los españoles, uno a uno, y quiero evitar generalizaciones, pero tengo la impresión de que hay un hartazgo generalizado. Un hastío antesala de la desmovilización y la abstención. Todo ello muy grave para una democracia débil y de baja calidad.

Hay demasiadas prácticas que embrutecen la política española y ahuyentan la esperanza; una de los peores, de las más violentas, es el maltrato verbal. Tomemos el modelo de la violencia de género, que a algunos aún no les entra en la cabeza: el insulto es maltrato, la amenaza es maltrato, el desprecio es maltrato.

“Esos peligrosos extremistas” que van a fundir España, dice Rajoy en Ourense sacando pecho. Se refiere, sin duda, a once millones de bolivarianos, votantes de opciones distintas a las del PP. La frase contiene un insulto (¿me está llamando usted peligroso y extremista?), una mentira, una exageración y una amenaza. Todo ello debiera ser desterrado del lenguaje político y parlamentario. Menos prepotencia y un poco de respeto a Simón Bolívar.

Un insulto no es un argumento. Una acusación política, tampoco. Se equivoca el PSOE gravemente en este inicio de campaña atacando a Pablo Iglesias (y además demonizándole personalmente), y comparando a Podemos con el PP. Se equivocó la paloma, se equivocaba.

Se equivoca el Presidente de la FEMP y alcalde de Vigo, Abel Caballero, insultando una y otra vez a las Mareas que gobiernan Santiago, A Coruña y Ferrol por mandato tan democrático como el suyo: “Son una calamidad”. Más allá de la demagogia y el insulto facilón y vulgar, ¿dónde está el razonamiento político?

Sánchez, Caballero y todo el PSOE saben que el 27J (y cuatro meses después otra vez, para alcanzar la Xunta de Galicia) tendrán que entenderse con esa “calamidad”. Es más, tendrán que pactar y convivir. ¿No sería mejor que empezaran a respetarse un poco mutuamente? El PSOE haría muy bien en apartar de sus filas a los maltratadores de su pareja política de hecho.

Se equivoca seriamente Podemos acudiendo a debates basura, donde se consienten el insulto y el ataque personal. Que un presunto periodista hable (con insinuaciones, mentiras, medias verdades) de la casa familiar de los Bescansa en Compostela es un disparate. El moderador y la cadena deberían haber cortado de raíz descalificaciones ad personam ajenas al debate, irrelevantes para la controversia política. Que la cadena lo consienta forma parte del barrizal organizado por Soraya; que Podemos participe del lodazal esperando sacar no sé qué réditos, es una torpeza. Con los maltratadores, tolerancia cero.

Podríamos citar cientos de ejemplos: la ciudadanía está harta del ventilador, de los difamadores profesionales y de los argumentarios de partido, repetidos por loros parlanchines hasta la saciedad.

El maltrato entre afines condenados a entenderse, esa violencia soterrada contra la pareja de baile, ese desprecio que estos líderes maltratadores se dispensan entre sí, es también un maltrato a sus votantes, un insulto a nuestra inteligencia y a nuestros sentimientos.

Deberíamos plantarnos de una vez y enviar a estos maltratadores de la política a un centro de reeducación. Y en su lugar, dar la palabra a quienes sepan escuchar, hablar sin ofender, convencer con argumentos y razones. A quienes sean capaces de respetar al adversario y, sobre todo, a quienes sean afectuosos, amables y cordiales con sus posibles, futuras parejas, sus imprescindibles complementarios. Más besos en público y en privado, y tolerancia cero al maltrato político.

Ilustración: Los insultos en la política
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