Arriba las ramas. De El Hierro al Bierzo: la utopía sostenible (1).

En un reciente encuentro científico —IX Simposio Polar Español—, el máximo responsable del Comité Polar Español, el biólogo Antonio Quesada, instó a los participantes a incorporar, sí o sí, a nuestras agendas, a nuestras vidas, los ODS, los objetivos para el desarrollo sostenible, 17 objetivos mundiales, suscritos en 2015 por 193 mandatarios para conseguir tres metas en un plazo de quince años: “Erradicar la pobreza extrema. Combatir la desigualdad y la injusticia. Solucionar el cambio climático”.

Como parte de la entrañable familia antártica, hago mía la recomendación de Quesada, fruto de la sensibilidad y sentido de la responsabilidad que en toda la comunidad bipolar despiertan el estudio, el conocimiento y la contemplación de los Polos, y muy conscientes de las amenazas climáticas que sobrevuelan nuestro planeta. Al regreso de mi segundo viaje antártico, el peso de esa responsabilidad se tradujo en una mayor exigencia ética personal frente a esas mismas amenazas en mi tierra natal, El Bierzo. De lo global a lo local y de lo local a lo global.

Este blog de ecología —Arriba las ramas, que acogen con generosidad La Nueva Crónica y EfeVerde—, mi tarea como voluntario en la ong Bierzo Aire Limpio, o actualizar mi formación —en cursos de la Green European Foundation, Impact Europe, o sobre Cambio Climático, como el dirigido por Samuel Martín-Sosa, de Ecologistas en Acción, en Miriadax, que recomiendo—, forman parte de ese compromiso ético. Casi todo por saber y aprender, todo por hacer en una tarea urgente e inmensa: madurar nuestra conciencia ecológica.

Necesitamos mucha valentía para afrontar la revolución ecológica implícita en los 17 objetivos de la ONU para el desarrollo sostenible; pero tenemos políticos cobardes, miopes, cortoplacistas [hablo del psicópata Trump, pero también de Madrid o Castilla y León]; y una ciudadanía muelle, televisiva, consumista, incapaz de renunciar a una bolsita de plástico si ese gesto le priva de poner una cagadita de mostaza sobre la sudada hamburguesa.

Como parte de este aprendizaje, he viajado este verano a la Isla de El Hierro para estudiar un modelo real, eficaz y rentable de energía limpia, sostenible. Además de disfrutar del paisaje —digno del planeta Saturno— de una isla volcánica de belleza derretida, y de la hospitalidad de los herreños, de sus quesos y vinos, de su mar esmeralda y de su apacible siesta en los años sesenta, visité la Central hidro-eólica de Gorona del Viento y tuve el placer de conversar en Valverde con técnicos y políticos, entre ellos Javier Morales, responsable de Sostenibilidad del Cabildo de El Hierro y abanderado de la Economía Azul.

“El Desarrollo Sostenible es un cambio interior —afirma Javier Morales, contundente—. Una sociedad sostenible es aquella que tiene como centro y objetivo de todos sus proyectos e iniciativas a las personas. El Desarrollo Sostenible es como participar en otro juego. Es como si hasta ahora, en el mismo tablero hubiéramos estado jugando a las damas, y a partir de ahora jugáramos al ajedrez. Muchas de las preguntas (y de los miedos) que nos hacemos partiendo del juego antiguo no tienen sentido ahora. Es otro esquema. No enfrentamos progreso con naturaleza, elegimos progresar y cuidar la naturaleza simultáneamente; no optamos entre ser humano y naturaleza, el ser humano forma parte de la naturaleza; somos todos parte de un proyecto común”.

Morales conoce bien la experiencia pionera de El Hierro, que trataré de desgranar en esta serie de artículos, empezando por precisar de qué hablamos, en serio, cuando hablamos de una economía sostenible que genere residuos cero. Algunas multinacionales sin escrúpulos se autocuelgan la medalla “Sostenible” para blanquear su porquería y su negocio, pero aunque la cementera se vista de seda, tóxica se queda.

Una empresa contaminante, una incineradora de neumáticos, una térmica o un petrolero surcando el Ártico no podrán ser nunca “sostenibles”, porque sostenible significa situar a las personas en el centro del debate, de la economía, del desarrollo, de la industria, frente a la lógica brutal del capitalismo. Sostenible significa un nuevo modelo de vida integral, un nuevo Renacimiento en el siglo XXI: no se llega al residuo cero quemando neumáticos o carbón, ni fabricando más coches diésel, ni malgastando la herencia de milenios para dejar a los que vengan un planeta hipotecado.

Sostenible significa hacer posible la utopía, como empiezan a acariciar en El Hierro, con una visión global: “Reciclado, agricultura biológica, energías renovables, pesca sostenible, gestión del agua, turismo ecológico, etc. La isla —concluye Morales a la manera de Humboldt— es un sistema en el que todo está interconectado e interrelacionado”. El Bierzo, el planeta Tierra y su vida personal, también. ¡Arriba las ramas!

Próxima entrega: Isla de El Hierro: el paraíso derretido.

Para saber más:

—ODS: Los objetivos del milenio: WEB de la ONU

—Javier Morales: La experiencia de El Hierro, Revista Ambienta  

EL HIERRO SOSTENIBLE. Galería I [Fotografía: Alicia Saturna].