CONSUELO  ÁLVAREZ DE TOLEDO,  Ponferrada, 23/07/2009.

El Bierzo es nuestra tierra. En el sentido profundo de la palabra tierra. Valentín Carrera, mi amigo y compañero, ha escrito una elegía a la tierra que hoy pisamos, y la ha escrito con el sentimiento mas ancestral que nos cabe a los seres humanos que es la transmisión a los hijos de un legado, un patrimonio indescriptible, una certera memoria histórica cuyas bondades solo pueden alcanzar quienes tienen, tenemos, la gran fortuna de tener raíces.

En estos tiempos de contradicciones esenciales y formales, donde las palabras apenas dan nombre a las cosas, cuando la superficialidad se convierte en relevancia, cuando la profundidad del conocimiento se torna tiempo perdido, cuando se invoca la memoria para borrar el sentido imborrable de la historia, era imprescindible volver a recorrer los caminos de un Bierzo inacabado para recuperar, desde el recuerdo, el impulso necesario para mirar hacia adelante.

Viaje Interior a la Provincia del Bierzo, el libro que hoy amadrinamos y apadrinamos, no tendría sentido sin la mirada blanca de sus dos hijas, Sandra y Alicia. He aquí la razón de la existencia de este trabajo, de este desahogo personal e intransferible de un hombre enamorado de su tierra.

La clave es esta, no nos engañemos. Es la imperiosa necesidad de transmitir a nuestros hijos el sentido de la vida, dentro de lo que cabe en unas vidas sin sentido. Se compone de pequeñas cosas, de percepciones que entran por todos los sentidos, entremezcla de sensaciones físicas y de estados de ánimo que acaban por producir un pensamiento, la idea de pertenencia a un lugar del mundo. No quiero que se entienda corno un reduccionismo vital, sino todo lo contrario. Es la necesidad de tener hundidos los pies en nuestra tierra para poder crecer y caminar y mirar hacía otros mundos donde otros mundos diferentes nos esperan.

Esa necesidad de comprobar que el horizonte en el anochecer de Villafranca, tiene las mismas formas oscuras dibujadas sobre el cielo; que la brisa llega puntual desde los ríos y que a pesar de todo y de unos cuantos, aun están ahí los valles y montañas, los castillos, las casas, las iglesias, los caminos, los peregrinos, las uvas, las cerezas, la tierra roja, las truchas, las perdices, y sobre todo nuestra gente. El libro de Valentín Carrera tiene tres referentes personales principales: Enrique Gil y Carrasco, Ramón Carnicer y Antonio Pereira, por cierto los tres de Villafranca…

Porque todo esto a lo que me he referido, las raíces, carecerían de importancia sin la existencia hombres que han dejado huella en nuestra historia. Cada uno a su manera, Gil y Carrasco, Carnicer y Pereira, dejaron huella en Valentín Carrera que fiel a su memoria relata en este libro esas marcas que desde la infancia le señalaron los horizontes vitales.

Porque no tenemos derecho al olvido, debernos mantener enhiesto el recuerdo de quienes nos han enriquecido, de quienes nos han enseñado, de quienes nos han abierto el pensamiento y transmitido unos valores, una cultura, un sentido de la vida, plural, heterogéneo, valioso, estimulante.

Carrera abre el libro con un poema de Pereira y dos fotografías: las de Ignacio Linares y Ramón Carnicer. Dice Antonio: “Cuando corno el alto del portillo que guarda la ciudad, y Dios la guarde, me digo: estoy en casa, estoy seguro hasta para morir o lo que cuadre“.

Los tres, Cito, Antonio y Ramón, perviven en nuestra memoria, son parte de nuestras raíces, como lo serán todos esos personajes con los que Valentín se encuentra en el caminar por el interior del Bierzo desde los tiempos de Prisciliano y la monja Egeria, la gran y primera mujer viajera del Bierzo allende nuestras fronteras hasta el momento actual, “De Cabo Verde a Bembibre, pasando por Tomar” en este paisaje con personas que el autor dibuja sin descanso.

Viaje al Interior por la provincia del Bierzo descubre un Bierzo que no encontraremos en un libro de viajes al uso, ni en una guía ilustrada con fotografías tópicas. Valentín Carrera y Anxo Cabada han hecho un libro tremendo. No se me ocurre mejor calificativo para describir este trabajo que va más allá de un libro convencional. Yo recomiendo a todos que lo compren. Puestos a hacer broma, Valentín, este libro puede servir de mucha ayuda: los dos kilos y medios, que esta tarde lo he pesado, pueden ayudar a hacer lacón prensado, algo que no deja de formar parte de nuestras raíces; puede también ayudar a fortalecer la musculatura de nuestros ya cansados brazos; puede sujetar las puertas que se empeñan en cerrarse cuando hay corrientes en la casa…

Pero no. Este es un libro tesoro, una caja mágica que al abrirla nos invade el alma de recuerdos. Imaginativo, audaz e incansable, Valentín ha desparramado la mirada sobre El Bierzo, por arriba y por abajo, a pie, a caballo, en globo y sobre el agua desde el Campo de las Danzas a los Ancares, desde Catoute a Oencia, pasando por los Templarios, la Calle del Agua, las bodegas de Cacabelos, las chimeneas de Congosto, en una mirada circular que no se encierra en si misma, sino que evoluciona en espiral hacia el futuro que se abre a los ojos de nuestras siguientes generaciones.

Valentín ha escrito el relato apasionado y subjetivo de sus raíces con la esperanza de que el árbol de la vida se mantenga. A lo largo de 173 páginas, el autor, confiesa, viaja por el interior del Bierzo pero también viaja por su interior. Este es un libro subjetivo, personal, intimo. Porque se trataba de dejar en Sandra y Alicia la huella de nuestra s raíces hundidas en la tierra de la memoria realmente histórica.

Foto: Consuelo Álvarez de Toledo en la presentación de eBooksBierzo.
Gracias, Consuelo, por tu generosidad y afecto.