En agosto de 2011 el presidente Zapatero recibió una carta del Banco Central Europeo con instrucciones tan concretas que, a juicio de muchos ciudadanos, suplantaban directamente la voluntad y la soberanía, si es que algún día hubo tal cosa, del Estado español y nos organizaba vida y hacienda.

Zapatero ocultó aquella carta a los ciudadanos y al Parlamento, pero cumplió a rajatabla las órdenes de Trichet. El BCE también ocultó la carta, incluso al Defensor del Pueblo Europeo, en un ejercicio de cinismo y oscurantismo compartido que deja al expresidente socialista por los suelos.

Ahora, Zapatero publica la cartita que negó al Parlamento en su libro de desmemorias: este blog la publica también para que el lector se ahorre los 30 euritos para las arcas del grupo Planeta y del autor, un ladronzuelo de papeles oficiales que, al marcharse de La Moncloa, se llevó la carta «estrictamente confidencial» en el maletín, en un acto de PRIVATIZACIÓN de un documento oficial que, si no es una ilegalidad, debería serlo.

La carta contiene una agresión sistemática al mundo laboral, ejecutada sumisamente por ZP: «moderación salarial», «ajuste de costes», «suprimir toda restricción a la prórroga de contratos temporales», «que las indeminizaciones por despido sean muy bajas»; en fin, se trataba, afirmaba Trichet, de «convencer a los mercados». Trichet dio las órdenes, Zapatero inició el ataque a los derechos de los trabajadores y Rajoy está completando la labor. Sé que no es un argumento político, pero los tres me dan un poco de asco.

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