El PP de Valencia ya tiene su 23F: el golpista Fabra ha tancat Canal9; mi primera columna en La Nueva Crónica no puede silenciar la indignación que siento como periodista y como ciudadano. Por suerte, el mismo PP, u otro PP distinto, mantiene en Galicia CRTVG con sus canales TVG, TVG2, Galicia TV Europa y América, y la imprescindible sintonía de Radio Galega, donde colaboro: un servicio público ejemplar, necesario, digno. ¡Larga vida a la televisión y la radio públicas!

Uno de sus programas más veteranos es Desde Galicia para el mundo, criticado a veces por dar una imagen idílica de Galicia. Ocurre, a la inversa, con esos magazines que buscan Españoles por el mundo o Galegos no mundo en Londres, Varsovia o Bangkok. Algo de poesía, gaita y “ondiñas veñen e van” no está mal para endulzar la ausencia y sobrellevar la nostalgia. Pero sin caer en la tontuna de pensar que todos los emigrantes son triunfadores risueños que viven como reyes en Estambul o en Suiza. Necesitamos programas que nos cuenten cómo viven de verdad nuestros hijos, brillantes licenciados en Derecho o Economía, poniendo copas en Dublín por dos libras o cuidando niños y limpiando casas en París, que es el modo de ser europeos al alcance de esta generación.

No sé si en El Bierzo necesitamos una TV propia, pero sí tenemos pendiente construir el relato de ida y vuelta de los bercianos y bercianas por el mundo. Un relato que vaya de lo local a lo global y de lo global a lo local, que nos explique cómo es El Bierzo visto desde el mundo y cómo es el mundo mundial visto desde El Bierzo.

Hubo y hay bercianos que fueron virreyes en Perú, que regentan un bar en Australia o dan clases en Venecia: son bilingües o internacionales sin dejar de querer y sentir lo suyo, que es lo nuestro. También tenemos cerca a los nuevos bercianos, nacidos en Bembibre o Toreno, cuyos abuelos viven en Pakistán o Cabo Verde. Unos y otros formamos El Bierzo glo-cal, el único en el que me siento a gusto, sin chauvinismo y sin complejos.