[…] Vivir es correr riesgos y sortear peligros, claro que hay accidentes de tráfico terribles y claro que les van a dar garrafón, pero tienen que aprender a conducir y pagar sus multas. Para que nuestros hijos puedan madurar, tenemos que crecer y madurar nosotros con ellos y ellas. No podemos seguir habitando sus vidas, tratándolos como menores de edad o espiando sus citas y sus wasaps. No digo que sea fácil, no es fácil, pero no se puede volar estrangulado por el cordón umbilical. Hay otros modos de amar. Amar desde la aceptación, el respeto y la libertad.

Ese es el aprendizaje al que hoy me enfrento por tercera vez, recién cumplidos mis 18 años con Bombita, la pequeña, ya saben, la más mimada y consentida. Cuando la flecha está en el arco, tiene que partir, y por muy gozoso o doloroso que sea, no puedo modificar su trayectoria. Bien o mal —hemos venido aquí a querernos, no a juzgarnos—, el trabajo del arquero está hecho: ya soy mayor de edad y ella vuela libre, hermosa, inteligente, buena. Feliz viaje a Ítaca, Alicia.

Leer artículo completo en La Nueva Crónica.

Psicosis.

Para aprender a amar en el siglo XXI: Ám@me, de Mercedes Oliveira [editorial Galaxia, 2018].