¿Dónde está aquella fuerza, aquella risa, aquellas ganas de vivir? ¿Dónde fueron? ¿Qué te pasó? ¿Quién te llevó?, amiga.
Te escribo en un día de lluvia y viento, frente al mar: he venido a pasear contigo por la orilla.
Nada más quiero: pasear juntos por la playa. No, no quiero escribir una necrológica, ¡maldita sea!, ojalá supiera hacerte un poema.
Dicen que los preferidos de los dioses son llamados pronto a su presencia. Tú fuiste llamada a la misma hora en que cientos de niños y madres fueron asesinados por el napalm. ¿Sabes, Cristina?: los dioses son unos canallas.
Miro tus libros fríos, abiertos sobre la mesa: ya nadie va a pasar las páginas de la revolución agraria que estudiabas en Lugo para hacerla en Nicaragua. Ya ni siquiera nos queda Nicaragua, también nos la robaron.
¡Qué pesadilla! Dime que no es cierto. No quiero escribir los versos más tristes… no dejes que lo haga. Dime que estás paseando de nuevo por las arenas de Lapamán y que tienes en los ojos aquella fuerza y aquella risa. Dinos siempre a cuantos te quisimos que no le vamos a consentir más canalladas a los dioses, ni aquí ni en Nicaragua. Dinos que sigue en pie la promesa de ir allá a trabajar juntos.
Eras tan hermosa aquel atardecer, bañándote desnuda en la espuma de las olas, mientras la voz de Suso Vaamonde cantaba doliente los versos de Bernardino Graña:
“Case morto vivín sen coñecerte
aló na chaira seca por absurdas rúas
onde ninguén me soupo dar mornura.
Foi soedade desconforme adentro
e a semente a caír en terra dura.

¿Como hei vivir mañá sen a luz túa?
Pero hoxe mesmo o día abriu en medo
entrou na fiestra un sol extraño inmenso
e deixáchesme o leito en mantas frías.

Está a volver agora corazón adentro
a soedade o podre a agonía
a me pinchar as cousas en millóns de pugas
cada minuto en séculos de agullas.
¿Como hei vivir mañá sen a luz túa?
¿Como hei vivir mañá sen a luz túa?

[Cada día hay ocho suicidios invisibles en España, 3.000 al año. Mi amiga Cristina se suicidó en 1991 y nunca más se supo: se volvió invisible].

Suso Vaamonde: Como hei vivir…
Paz Vaello: ¿Hablamos del suicidio?