Arriba las ramas. De El Hierro al Bierzo: la utopía sostenible (3).

El Desarrollo Sostenible —ya lo pensamos en la primera entrega de esta serie— es un cambio interior de las personas, un cambio integral. No se puede decir que sea sostenible una comarca (o su economía) si tiene en el centro neurálgico de su territorio una incineradora de residuos. El concepto «residuo cero» ha de ser global, circular, transversal: el aire, el agua, el suelo, el subsuelo, las plantas que respiramos y los bosques que comemos.

La isla de El Hierro no ha llegado aún a este modelo óptimo, 100% sostenible, 24h/365d bebiendo energía limpia; no ha llegado a la meta, pero las autoridades, y creo que una parte de la población de la isla, se han puesto en camino para ser una isla sostenible. La utopía alcanzable pasa por suprimir la importación de gasóleos y gasolinas, eliminar todos los coches petroleófilos, producir y consumir solo energías limpias y alcanzar la máxima eficiencia energética, sin olvidar el problema de los vertederos de basura.

Un paso decisivo en el camino hacia la energía limpia ha sido la construcción de la Central Hidro Eólica de Gorona del Viento, cuya descripción tomo del ensayo “La experiencia de la Isla de El Hierro”, del Consejero de Sostenibilidad Javier Morales: “Consta de un parque eólico de 11 MW que produce energía eléctrica de modo fluctuante, en función de la intensidad del viento. Esta energía se utiliza para desalar agua de mar y bombearla hasta un depósito superior de 500.000 mkm3 situado a 690 m de altura sobre el nivel del mar. El agua allí almacenada se deja caer por una tubería hasta unas turbinas situadas cerca del nivel del mar, las cuales producen electricidad de modo acorde a la demanda de la población. El agua, una vez turbinada se almacena en un depósito inferior de 175.000 mkm3 desde donde se bombea de nuevo al depósito superior. Así, obtenemos, a partir de una fuente renovable y fluctuante como el viento, energía estable para la población y agua dulce para el abasto público, la industria y la agricultura. Esta obra ha supuesto una inversión de 64 millones de euros aportados por el IDAE, el Gobierno de Canarias, Endesa y el Cabildo de El Hierro”. [La empresa da beneficios y en 2018 ha cancelado la deuda bancaria].

En la visita a Gorona del Viento pude comprobar lo ingenioso del invento ideado por los técnicos de Endesa y los políticos y técnicos herreños al frente del Cabildo, que han tenido visión de futuro para poner en marcha este proyecto, mientras en otras latitudes —por ejemplo en El Bierzo, desde donde escribo— alcaldes, presidentes de diputaciones y ministros se afanan en continuar quemando carbón, ampliar autopistas o atiborrar de bloques y hormigón hasta el último sendero rural, a mayor gloria y beneficio de las cementeras. Se diría que no saben hacer otra cosa.

La apuesta pionera del Cabildo Insular —socio mayoritario de Gorona del Viento— empezó hace más de treinta años, gracias a un herreño convencido de las energías renovables, el ingeniero Tomás Padrón, líder de la Agrupación Herreña Independiente y presidente del Cabildo Insular durante varias legislaturas. Tomás Padrón, que inició el proyecto en 1981, sigue tan entusiasta como el primer día: “El objetivo debe ser seguir investigando, innovando, y ampliando el almacenamiento hidráulico del depósito inferior así como introducir nuevas fuentes renovables para aprovechar la fotovoltaica, el calor de la geotermia y las energías de las olas, para lograr ese 100% renovables de manera permanente” (La Vanguardia, 27/12/16).

Durante mi visita a la central, contigua al puerto de La Estaca, el personal estaba feliz porque la víspera se había batido el récord de días en funcionamiento ininterrumpido del ciclo hidro-eólico. Si no sopla el viento —lo que rara vez ocurre en El Hierro—, las palas de los aerogeneradores paran, el invento no funciona y el sistema chupa diésel. Al comienzo del proyecto, el mix energético de la isla estaba en 30/70, es decir, 30% de energía renovable producida en Gorona y 70% de diésel traído en barco desde vaya usted a saber qué plataforma o pozo en el desierto. El mix actual se ha invertido, según fuentes de la empresa: 70% hidro-eólica/30% diésel, más cerca cada vez del objetivo 100% renovable.

No podemos ignorar las críticas abiertas a Gorona que formulan técnicos o ecologistas, por la baja penetración de la energía eólica y la falta de estabilidad de la red, cuyo talón de Aquiles sería la balsa de almacenamiento superior, con autonomía solo para tres días. Tres días sin soplar el viento colapsan la central y obligan a consumir diésel a chorros. Los lectores interesados en profundizar en estas discrepancias encontrarán detalles en el artículo “Central Hidroeólica de El Hierro: Una visión crítica” de los ingenieros Sergio González y Juan Falcón.

Pero aún escuchando las voces críticas, que deben ser escuchadas, Gorona del Viento es un proyecto formidable que abre caminos de aire limpio y de luz en la isla de la doble insularidad, de la triple insularidad si consideramos la energética o la demográfica, tras años de emigración durísima.

Sin una sola luz, ni una lámpara de carburo, más que emigrar, los herreños huían a principios del siglo XX, protegidos por la oscuridad de la noche, en dornas que hoy llamaríamos pateras de inmigrantes, y llegaban sin embargo al Caribe, como Colón, impulsados por las corrientes favorables y los vientos alisios. Esos mismos vientos que hoy iluminan el futuro de El Hierro con una luz nueva y limpia. ¡Arriba las ramas!

 

Links:

—Tomás Padrón, el inagotable defensor de las renovables, La Vanguardia

—Central Hidroeólica de El Hierro: Una visión crítica, Diario El Hierro, 23/6/14.

—Sergio Fernández: “La verdad sobre Gorona del Viento. Análisis de los datos del primer año de funcionamiento”, Diario Renovables.

 

FLORA Y FAUNA DE EL HIERRO (Galería III. Fotografía: Alicia Saturna).