Hoy no he pensado la columna. Casi todas las semanas pienso este artículo dominical con calma: el asunto y la forma van cociendo a fuego lento hasta que los 2.100 caracteres caen, dulces o amargos, cual fruta madura, como describía hace poco en La Nueva Crónica Noemí Sabugal.

Pero esta semana no he pensado mi columna ni medio minuto: me he puesto a escribiros al tuntún, ¿qué digo a escribir?, ¡a disparatar!

¡Oh, qué hermosa sensación!, ¡qué poderío! Me siento como Susana Díaz explicando el adelanto electoral andaluz, me siento como Aznar reventando el congreso del PP, me siento como Bárcenas con la alcachofa haciendo un selfie para sus colegas de celda, me siento como el pequeño Nicolás, yo te digo y tú dirás.

O falar non ten cancelas, reza un refrán gallego que no precisa traducción, y no como Pujol, que va a declarar ante el Juez y pide un traductor catalán-español, ¡eso sí que es tenerlos cuadrados!, como Rajoy cuando dice que ya salimos de la crisis o Monedero cuando sostiene que la consultoría internacional está muy bien pagada.

Hoy no he pensado la columna: voy a decirles tonterías, una tras otra, como hacen todos los días en los telediarios los padres de la patria, que apenas les ponen una baraja de micrófonos delante se les desatan las cataratas del Niágara en la boca. ¡Pa qué pensar si puedes hablar gratis!

(Ministro reflexionando: “Digo esto y lo contrario, cobro el sueldo en A, en B y en C, me pongo el sentido común por montera, me río del personal… ¡y me votan!, salgo en televisión, soy famoso, tengo un 1,5 en los sondeos del CIS, cobro dietas, tengo chófer, hace años que no pago el móvil ni el parking, ni el sastre…”. Fin de la cita).

Los políticos –excusando la generalización- cada vez se parecen más a Belén Esteban, y nuestros difuntos parlamentos a Salvame de luxe. Antes que una pasada por Podemos, este país necesita seis meses de silencio cartujo: Ley urgente de prohibición de hablar a políticos en ejercicio.

Para votar ya sabemos los ciudadanos equivocarnos solos, sin que ellos nos ayuden con sus disparates. ¡Cállense hasta el 25 de mayo, por favor, que los ciudadanos estamos pensando!

La Nueva Crónica, 1 de febrero de 2015