―La seguridad no existe: la vida es cambio y cuando el cambio llama a la puerta no hay botón del pánico que valga.

La ley del Quizás ―que Allison Carmen define como un lugar, una filosofía, una semilla, un elixir mágico― invita a vivir la vida como una permanente oportunidad de crecimiento personal. ¿Incluso en cuarentena? ¡Precisamente en cuarentena!

No podemos pretender que el Estado sea nuestra niñera: no me refiero a la necesaria protección social de los más débiles, sino a la irresponsabilidad de confiar nuestras vidas en manos ajenas, sean las del Banco, las de Google o las del Estado, a cambio de acunarnos en su zona de confort.

La distopía del Cuerno de la Abundancia nos vende con lazo y celofán, y a crédito, una seguridad de cartón piedra, todos sanos y con sonrisa profidén, hasta que viene un maldito bicho, abre con la llave de su proteína S la cerradura de nuestra proteína ACE2, obliga a las células de nuestro cuerpo a fabricar millones y millones de copias del virus mediante la síntesis de su ARN, colapsa nuestro sistema inmunológico; y en pocas horas, a tomar por saco Disneylandia. Todos calvos e inseguros.

¿Cómo aprender a vivir con esta inseguridad, tal vez sin trabajo o sin sueldo? ¿Cómo hicieron nuestros abuelos? Quizás ―practicaban la ley del quizás― eran previsores y guardaban la cosecha, dosificaban, no eran sedentarios, comían sano, no dilapidaban los bienes de la Naturaleza; y conocieron la palabra ahorro, que se nos ha caído del vocabulario. Aceptaban el destino incierto, la vida y la muerte, con naturalidad y compasión.

La respuesta a esta pandemia ―y a las que vendrán, porque vendrán más― es el consejo de Álvarez de Paz: “Aprende a vivir con la incertidumbre”, como hicieron nuestros abuelos, y como han hecho él, mi hija Sandra y miles de luchadoras como ella. El cáncer o la leucemia les han enseñado a convivir con la incertidumbre, con la ley del quizás; y ahora, cuando nos creíamos tan seguros en el castillo de Schengen, tan a salvo de ébolas y pestes, nos toca a todos los demás recorrer ese camino desconocido sin red.

 

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Incertidumbre, ilustración original de Raiss el Fenni, Tánger, 2006.

Para saber más:

Victoria Camps: «Aceptar la incertidumbre es una actitud sabia, es darnos cuenta de que somos finitos».

-Nassim Nicholas Taleb: EL CISNE NEGRO: EL IMPACTO DE LO ALTAMENTE IMPROBABLE.

-Francesc Miralles: El poder de la incertidumbre.

-Allison Carmen: La ley del Quizás (descargar avance en pdf).