Hablemos de sexo, maldita sea. Este es un blog de ecologismo, y no se me ocurre nada más ecológico que el sexo. Mis amigos pingüinólogos pasan meses en la Antártida estudiando las costumbres sexuales de los pingüinos, cómo se aparean, si son fieles o cornudos, promiscuos o penitentes. De sus labios he aprendido el concepto “competencia espermática”, que ya les explicaré otro día.

Hoy quiero hablarles de una diosa del sexo, la actriz porno feminista Amarna Miller, a la que he conocido esta semana en la Jornada de Igualdad y prevención de la violencia de género, celebrada en Ames (enhorabuena a la concejala de igualdad, Luisa Feijóo, Ames Acércate). Su magnífica conferencia vino precedida de una burda polémica, instigada por los nietos de Torquemada.

Amarna Miller, 27 años, millennial, “super hiperactiva”, diplomada en Bellas Artes, fotógrafa, viajera, empresaria audiovisual, que empezó a ser actriz porno por hobby (“para explorar mi propio mapa mental”), es pequeñita como un frasco de esencia: un diablillo pelirrojo que se crece en las escenas más tierni-duras; una ráfaga de frescura y libertad que nos habla de sexo sin miedo y sin tapujos. Os recomiendo seguirla en las redes sociales.

En un medioambiente sexofóbico, cargado de ignorancia, represión, y sucios sentimientos de culpa y pecado, Amarna representa el sexo limpio, sano, abierto, gozoso. Sobre todo, gozoso, porque ella es risueña desde el clítoris hasta la médula, y practica y predica el sexo multicolor, diverso.

“El porno es machista”. La charla comenzó con esta declaración de guerra. El porno convencional (mainstream) es falocéntrico, hecho por y para hombres [de un perfil concreto: varón blanco, occidental, hetero y con sexualidad normativa]. En esto el porno es igual a la política, las leyes, la hostelería o la moda. “En una sociedad patriarcal, porno patriarcal”, denuncia Amarna, acostumbrada al desprecio machista: “Un señor me dijo: una llave puede abrir muchas cerraduras, pero una cerradura abierta por muchas llaves, se da de sí”.

Un patriarcado que proyecta su sombra sobre toda la sociedad, hombres y mujeres: “Me gusta el feminismo amable. Esta no es una lucha de mujeres contra hombres, sino de todos contra el patriarcado, porque el machismo también afecta a los hombres y empobrece su vida emocional”.

Este “feminismo amable” es una pieza clave del discurso de Amarna, claro, estructurado y valiente: “Si todo lo que atañe a las mujeres ha de ser tratado por el feminismo, la pornografía, también. ¿Cómo? Cuestionando los modelos de escena, o los modelos de belleza o las prácticas hegemónicas. No se trata de hacer porno para mujeres, una trampa comercial, sino porno feminista, que cambie la representación patriarcal hegemónica (mete-saca) y cultive el deseo, la belleza y la diversidad de género, incluidos los Genderqueer, la gente no binaria, para entendernos”.

En la línea de la “Ética promiscua” de Dossie Easton y Janet Hardy, y de “Opening Up” (Manual de relaciones abiertas), de Tristan Taormino, Amarna Miller defiende la práctica de un porno ético, similar al comercio justo: respeto laboral a actores y actrices, prácticas seguras, sanas y consensuadas, nunca humillantes ni degradantes. Porno ecológico en estado puro, sexo educativo en medio de tanta ignorancia.

¿Porno educativo?, se preguntarán algunos escandalizados. Es fácil de entender si usted no es un hipócrita. Piense, quien leyere, que un tercio de todo el tráfico de Internet es de porno machista; y que los niños empiezan a ver porno a partir de los 9 años. A falta de una educación sexual y afectiva limpia y sana, Internet es la verdadera escuela de la manada.

“¡Una locura! —denuncia Amarna—. Permitimos que se ofrezcan a niños y jóvenes modelos sexo-afectivos tóxicos, enfermizos”.

Frente a todo eso, la joven risueña, valiente como una Hypatia pro-sexo, nos propone a todos no ignorar el problema, más educación sexual, hablar mucho y bien de sexo, iniciar una larga conversación con nuestros hijos e hijas (por ejemplo, con ayuda de la web educativa thepornconversation.org) y, sobre todo, una actitud sana y placentera hacia la sexualidad humana, ese tesoro emocional, fuente inagotable de placer y libertad.

Digo inagotable porque, mientras en el modelo patriarcal mete-saca la fuente se agota pronto y el placer se seca, nuestra capacidad de besar, abrazar y acariciar es infinita. Piel contra piel, sin importar el género, el color o el tamaño. Como cantaban Ana y Víctor: “No quedó un lugar que no anduviera en ti”. Senderismo sexual por los bosques del deseo. ¡Arriba las ramas!

Leer en La Nueva Crónica

Blog de Amarna Miller: http://www.amarnamiller.com/

Web www.thepornconversation.org