“Escribir como se habla” era la máxima del filósofo, filólogo, luchador libertario y, sobre todo, poeta, Agustín García Calvo, tan universal que eligió Zamora para nacer y morir, y para ser libre gritando al viento su visionario Comunicado urgente contra el Despilfarro desde la Comuna Antinacionalista Zamorana. “Cantar como se habla” es la máxima de su compañero del alma, compañero, Amancio Prada, que une su voz y su guitarra, su sensibilidad y talento, a la voz y a la palabra de Agustín en un nuevo disco que nos ha traído este invierno como punto de encuentro o amorosa tertulia, en mitad de la tempestad y de la noche fría.

“Escribir como se habla” y “cantar como se habla”, pero también “escribir y cantar como se vive”, que sería quizás el mantra de Chicho Sánchez Ferlosio: tres eran tres, juntos van los tres alegres, por las orillas del Sena, tarareando la partitura de sus vidas compartidas. No podríamos entender sus poemas-canciones más hermosos sin la complicidad de Agustín, Amancio y Chicho: “ya no sé si es mía o suya la canción”, dice Amancio de Las moras negras o El mundo que yo no viva, “¡pero eso qué más da! Ni de Dios ni de nadie. Ni de García Calvo siquiera”.

De los tres y de ninguno, y del pueblo, es el último trabajo de Amancio Prada, Libre te quiero, una joya generosa en la entrega mutua, sin necesidad de poner etiquetas a la tuyo y lo mío, que también en esto del arte y la trova nos sobran las fronteras y la pertenencia: ¿de quién es la voz de Pero Eanes, Leliadoura, que canta Amancio Prada en Trovadores, místicos y románticos? Son versos, endechas, romances que vienen del pueblo hondo, de las Navas y las Dehesas, y al pueblo vuelven en la voz y los dedos del cantor. En Trovadores (1990) conviven en la guitarra los versos anónimos del Romance del prisionero con los poemas de Rosalía, Paseniño, de Lope de Vega o de san Juan de la Cruz; y con los versos nuevos de nuestro paisano universal Luis López Álvarez y los de Chicho y Agustín. Al pueblo voy y del pueblo vengo, porque para estar conmigo, me bastan sus pensamientos.

París 1968
Agustín García Calvo y Amancio Prada se conocieron en el Barrio Latino de París en los años sesenta y compartieron un largo viaje al que pronto se incorporó Chicho y juntos cantaron, recitaron, amaron y sufrieron siendo por encima de todo espíritus libres. “Agustín García Calvo –afirma Amancio- es uno de los raros hombres libres que he tenido la suerte de conocer. Un pensador infatigable que no dejó nunca de luchar, siempre alerta ante toda forma de poder, de engaño y de dominación. Agustín fue el hombre que dijo no a la tiranía, no al poder, no a la gloria, no a la vanidad, no al conformismo… Con una actitud rebelde, crítica, y tomando partido por los de abajo, por el pueblo sin nombre”.

Amancio, Chicho y Agustín ofrecieron un recital histórico en el teatro Español de Madrid el 19 de noviembre de 1982: han pasado treinta años y aquella joya tiene la misma frescura y emoción y ahora los lectores de Revista de Castilla y León y todos los amantes de la poesía y de la música pueden disfrutar de aquel concierto, pues se incluye en el último disco de Amancio. No sé si ahora se dice disco o debo decir cd-spotifable. En realidad es un disco-libro generoso, cálido al tacto y la mirada, generoso en contenidos. Cada nueva entrega de Amancio contiene alguna reencarnación suya, pero quizás esta es verdaderamente una transmigración de las almas gemelas.

zAMORa
Pasaron treinta años y Agustín nos dejó luego, otro mes de noviembre, frío como boca de lobo. Mientras escribo estas líneas, veo y escucho el recital, revisitado en zAMORa en la primavera de 2006, y mi emoción sigue siendo -a flor de piel- no la misma emoción del primer encuentro con Amancio en el teatro Adriano de Ponferrada, quizás en 1974, sino acaso más intensa pues entonces poco sabíamos de la vida, y caminábamos a tumbos sedientos de libertad, orientándonos en la luz de los versos de Agustín o Celso Emilio; y ahora que ya no sabemos nada, por fin inermes ante el destino, cantamos “sólo de lo negado, de lo perdido, sólo de la añoranza, siempre de lo mismo”.

“Han pasado los días como sueños”: Sandra y Alicia van tomando el relevo y cantan desde la cama, muertas de risa, Hoy no me levanto yo. Chicho y Agustín se han ausentado con elegancia y sentimos cercana su orfandad, pero vibran en las cuerdas de la guitarra de Amancio, el más joven de los tres: invita a la sonrisa su estampa luminosa de marfil en 1982, recortada sobre paisaje negro. Ausente el poeta de estampa florida, Sócrates del siglo XX, sus amigos y amigas reunieron textos y recuerdos en el libro Unos y otras en el que también participa Amancio, pero ningún homenaje más cercano y entrañable que estas Canciones de Agustín García Calvo, como diría el poeta: felices los que lo oigan.

El disco-libro se abre rotundo con el poema que le da nombre, Libre te quiero, una versión que vuelve a los orígenes sobrios del 82, distinta a la de Trovadores con suave acompañamiento de violoncelo que Amancio solía; ahora madura, depurada y limpia, proa a lo clásico. Siguen poemas fundacionales: Sólo de lo negado, Las moras negras, Juraría que he sido feliz, el sarcástico La cara del que sabe, Ay, linda amiga, hasta llegar a la emotiva balada de las cárceles madrileñas: estamos hablando de 1968, Mayo francés, tiempo de revolución para vivir peligrosamente.

El cd-libro va desgranando sus perlas, doa a doa las cuentas del rosario profano que Agustín declama a pecho descubierto, y vuelve a Chicho, Don din, “cuando muera el alma, alguien nacerá”; y Nadie la llama y viene, y la primavera que es el amor: “A la sombra de tu ombligo sembraba violetas; entre tus pechos abría hojitas de menta, madreselvas te subían por entre las piernas, en tus sobacos mandaba libar abejuelas”. Poesía rebelde, libre sí pero también libertaria: descarada sin dejar de ser delicada, arriesgada y novedosa siendo tan clásica, siempre irónica y cargada de profundo humor, amable y compasiva hasta en la parodia. Es, sí, la voz del pueblo encarnada en Agustín García Calvo, escribe como habla, en las guitarras de Amancio y Chicho, hablan como cantan, conteniendo en el rasgueo la emoción, “rotas, rotas están las cuerdas del corazón”.

[Amancio Prada: Libre te quiero. Canciones de Agustín García Calvo. CD-libro con 18 canciones, nota introductoria, poemas, fotos y DVD con el recital íntegro en el teatro Español de Madrid en 1982. Editado por Musicaina, 2013].

Links de interés:
web de Amancio Prada

Canciones de Amancio Prada en iTunes

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Los libros de Agustín García Calvo

César Gavela: Amancio y Celso E. Ferreiro

Libre te quiero en Youtube

Balada de las cárceles madrileñas