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¿Es ético que los periodistas pidamos el voto para Perico y Pindanga o debemos ser neutrales? Quizás el Colegio Profesional deba aclarar esta cuestión deontológica, sobre todo cuando algunos líderes de opinión omniscientes invocan la neutralidad siendo ellos parte interesada en la parte contraria de la parte recusada.

Recuso la neutralidad y me declaro subjetivo: no votaré al machista recalcitrante Arias Cañete, con empresas Marca España en paraísos fiscales, ni a la frívola y evanescente Elena Valenciano. PP y PSOE cambiaron la Constitución por teléfono en 48 horas y entregaron la soberanía nacional, de la que tanto presumen, a la troika y al FMI. El muy izquierdoso Zapatero apoyó al muy derechista Durão Barroso y todos sabemos que en los próximos cinco años compartirá el gobierno europeo una coalición populares-socialdemócratas, tanto monta, monta tanto. Merkel, Draghi, el Rey, Felipe González, Aznar, Cebrián, Botín y todo el IBEX35 se desparraman de gusto.

En esta penosa campaña, el dúo Pimpinela Cañete-Valenciano ha confundido la Liga con la Champions. El bipartido único PPSOE insulta a los electores hablando de herencias recibidas y disputas domésticas, y apenas de propuestas de futuro en clave europea y global. Por su soberbia, por su obcecación en el error, por su complicidad reiterada con corruptos que protegen aquí y allá, en Sevilla, en Compostela, en Ourense, en A Coruña, en Lugo y en la Zarzuela, hoy por ti, mañana por mí, el PPSOE se ha ganado el desdén de la ciudadanía: las encuestas del CIS dicen una y otra vez que un 88% de ciudadanos desconfían de Rajoy y Rubalcaba, dato que debiera enviarlos a la cola del INEM.

Pero sería un error que, dándoles la espalda, nos refugiemos en la abstención. Mientras no se aplique la lógica del Voto en Blanco y los escaños no votados permanezcan huecos –lo que daría un 60% de hemiciclos vacíos–, la abstención se suma al grandullón de la clase, en esta ocasión concreta al PP. Conviene recordar cuatro datos. Galicia tiene 2.781.000 habitantes y 1.481.000 votantes. Feijóo obtuvo 661.000 votos (45%), de modo que 820.000 votantes (55%) no dieron su confianza al PP y más de 2.100.000 gallegos no votaron a Feijóo, quien gobierna en minoría social y con “mayoría absoluta” gracias a una ley electoral tramposa.

En España somos 47,2 millones de españolitos de los que 34,3 millones tenemos derecho al voto. En las últimas elecciones, el PP obtuvo 10,8 millones de votos. Mirando el negativo de la foto, una inmensa mayoría de 23,5 millones de electores no dieron su confianza a Rajoy, que también goza de mayoría absoluta parlamentaria fraudulenta, que no es real ni social.

La falta de democracia se agrava a medida que subimos de peldaño. Tras las elecciones europeas de 2009, los populares de Durão Barroso han gobernado la Comisión con 265 europarlamentarios (36%) sobre un total de 751; es decir, en clara minoría, traicionando al 64% de los europeos que no dieron su confianza a Barroso, con apoyos como el de Zapatero, incurso en fraude de contrato electoral.

Llevo treinta años votando a los perdedores, como si fuera del Atleti, y este domingo, a falta de la circunscripción europea, me gustaría estar censado en Berlín y votar a una mujer sensata, luchadora y alemana (y no me refiero a frau Merkel). A ver si, por una vez, los equipos modestos ganamos Liga y Champions y mandamos a Segunda B a quienes nos engañan y no nos representan.

 @ValentinCarrera
Ilustración: (r)EVOLUCIONA 
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